ENERGÍA.— Los precios del petróleo cerraron el lunes en sus niveles más altos desde junio, mientras el conflicto en Medio Oriente pone en riesgo el suministro global de crudo disponible.
En el centro de las preocupaciones está el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo, por donde transita alrededor de un quinto del crudo transportado por vía marítima a nivel global. Este paso conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el Mar Arábigo.
“El impacto potencial sobre la oferta global de petróleo y la economía mundial podría ser tan significativo que es difícil imaginar que un escenario extremo —sin buques transitando por el Estrecho de Ormuz— pueda durar más que un período corto”, señaló Jim Burkhard, vicepresidente y responsable global de investigación de crudo en S&P Global Energy.
Un alto funcionario de la Guardia Revolucionaria iraní afirmó que el estrecho estaba cerrado y que Irán dispararía contra cualquier barco que intentara cruzarlo, según Reuters.
Sin embargo, más allá de que el cierre sea oficial o no, el efecto práctico puede ser el mismo, explicó Tracy Cui, directora de investigación global de gas en OPIS. Dado el nivel de riesgo, las preocupaciones de seguridad y el aumento de las primas de seguro marítimo, los buques podrían frenar igualmente su tránsito.
“Este es un shock de oferta con un cronograma incierto, donde la variable crítica es la duración”, sostuvo Angie Gildea, responsable de estrategia energética en KPMG EE.UU. Una interrupción sostenida en Ormuz “se traduce directamente en un entorno de precios más altos”.
El lunes, el WTI subió 6,3% y cerró en u$s 71,23 por barril en Nueva York, mientras que el Brent avanzó 6,7% hasta u$s 77,74 en Europa.
Por Ormuz circulan unos 20 millones de barriles diarios de crudo y productos derivados, equivalente a cerca del 20% del consumo global de líquidos petroleros, según la Administración de Información Energética de EE.UU. De ese total, entre 15,5 y 16 millones de barriles diarios corresponden a crudo y unos 4 millones a productos refinados y líquidos de gas natural.
“Si los flujos se restringen de manera significativa y prolongada, se trata de una porción muy relevante de la oferta global”, explicó Rebecca Babin, directora gerente en CIBC Private Wealth.
Estrategas de Macquarie estiman que el mundo podría tolerar un cierre del estrecho durante una o dos semanas, pero el impacto en los precios escalaría rápidamente a partir de la tercera semana, y con mayor fuerza después de la cuarta, principalmente por problemas de entregabilidad.
Las rutas alternativas no pueden compensar el volumen que se perdería si el estrecho queda bloqueado.
El presidente Donald Trump señaló que la campaña militar contra Irán podría extenderse entre cuatro y cinco semanas o incluso más.
Factores mitigantes, pero limitados
El Estrecho de Ormuz se ubica en una región que concentra a cinco de los diez mayores productores mundiales: Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Irán y Kuwait, según la Agencia Internacional de Energía.
Un mayor bombeo podría ayudar, pero incluso si aumenta la producción, “si el petróleo no puede pasar por Ormuz, no hará gran diferencia”, advirtió Gildea.
Durante el fin de semana, productores clave acordaron elevar la oferta en 206.000 barriles diarios a partir de abril. Sin embargo, el mercado apenas reaccionó. Aunque los miembros de la OPEP+ mostraron disposición a usar capacidad ociosa si es necesario, no parecen dispuestos a abrir las válvulas agresivamente por ahora.
La OPEP+ aún debe gestionar con cautela una capacidad excedente cercana a 3,5 millones de barriles diarios, ya que constituye un colchón crítico ante interrupciones mayores.
Entre las pocas alternativas destaca el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, que permite desviar crudo hacia el Mar Rojo y evitar Ormuz. Tiene una capacidad ociosa estimada de 3 a 4 millones de barriles diarios, lo que puede aliviar parte del estrés, pero está lejos de reemplazar el flujo total habitual. Además, tampoco está exento de riesgos, ya que ha sido blanco de ataques en conflictos previos.
El almacenamiento flotante —crudo guardado en buques en el mar— puede ofrecer algo de flexibilidad en el corto plazo. También pueden utilizarse reservas estratégicas, como la Strategic Petroleum Reserve de EE.UU., y los inventarios comerciales de países de la OCDE, que cubren alrededor de 74 días de demanda futura.
Sin embargo, el problema central no es tanto la capacidad de producción global, sino la capacidad de mover el petróleo con seguridad. Si los flujos por Ormuz se ven seriamente restringidos durante un período prolongado, reemplazar esos barriles rápidamente sería difícil.
En ese escenario, las condiciones de transporte y los costos de seguro jugarían un papel decisivo en la formación del precio del crudo en el corto plazo.

