FINANZAS.— A simple vista, 2025 parece un gran año para el mundo cripto: Bitcoin alcanza máximos históricos, un presidente de EE.UU. favorable a la industria cuya familia incursiona de lleno en el sector, y una legislación clave que se espera sea aprobada por el Congreso.
Pero si se mira más allá de los titulares optimistas y del rally de Bitcoin, el panorama es muy diferente. La mayoría de las llamadas altcoins —aquellas que alguna vez se promocionaron como competidoras del criptoactivo original— están sufriendo fuertes caídas, con más de 300.000 millones de dólares en valor de mercado borrados en lo que va del año.
El mar de números rojos refleja un malestar más amplio que está obligando a partes de la industria a enfrentarse a preguntas existenciales. El ecosistema cripto fue concebido originalmente como un universo en el que múltiples monedas competirían por atraer inversiones, ofreciendo distintos casos de uso. Pero con Bitcoin consolidando su dominio, empiezan a proliferar las predicciones de que grandes sectores del mercado se convertirán en un páramo digital.
“Creo que simplemente van a morir, sinceramente”, dijo Nick Philpott, cofundador de la plataforma de trading Zodia Markets, en referencia a las altcoins. “Se irán marchitando. Técnicamente, muchas de estas cosas simplemente quedarán ahí acumulando polvo por siempre”.
La participación de Bitcoin en la capitalización total del mercado cripto ha subido nueve puntos porcentuales en lo que va del año, hasta el 64%, su nivel más alto desde enero de 2021, según datos de CoinMarketCap. En ese entonces, las criptomonedas aún operaban en un entorno prácticamente desregulado, los préstamos cripto crecían sin grandes protecciones y los NFT apenas comenzaban a ganar notoriedad.
En marcado contraste, las altcoins —término que abarca todos los activos digitales excepto Bitcoin y las stablecoins— están rezagadas. Un índice de MarketVector que rastrea la mitad inferior de los 100 criptoactivos más grandes duplicó su valor tras la victoria electoral de Donald Trump el 5 de noviembre, pero desde entonces perdió todas esas ganancias y cae alrededor del 50% en 2025.
Con Bitcoin absorbiendo la mayor parte de los flujos de capital que llegan a través de los ETF, el resto del mercado está quedando cada vez más atrás. Incluso Ether, la segunda criptomoneda más grande, sigue cotizando casi un 50% por debajo de su máximo histórico, a pesar de un modesto repunte impulsado por ingresos a ETF al contado que invierten en el token.
“Históricamente, Bitcoin subía y luego ese impulso se trasladaba a las altcoins”, dijo Jake Ostrovskis, operador OTC en Wintermute. “Eso no lo estamos viendo aún en este ciclo”.
La criptoesfera no es ajena a eventos de extinción masiva. El colapso de 2022 —marcado por el desplome de la stablecoin algorítmica TerraUSD y la quiebra del exchange FTX de Sam Bankman-Fried— acabó con cientos de proyectos. Hoy en día, miles de monedas siguen existiendo en sus respectivas blockchains, sin actividad alguna, y han pasado a ser conocidas como “ghost chains” o cadenas fantasma.
Lo que cambia esta vez es que el mercado cripto se está volviendo más regulado y dominado por instituciones, y que las stablecoins parecen ser las únicas con chances reales de consolidarse como medio de pago, gracias a su estabilidad.
Solo en el último año, el valor de mercado de las stablecoins creció en 47.000 millones de dólares, y algunos de los bancos más grandes del mundo ya ingresan al sector. Este mes, The Wall Street Journal informó que Amazon.com Inc. estudia la posibilidad de lanzar una stablecoin propia.
Esto ejerce presión sobre los proyectos de altcoins para que encuentren maneras de reforzar su legitimidad y atraer nuevos inversores.
“He hablado con algunos proyectos que están considerando fusionar fundaciones, someterse a gobernanza externa, decir ‘ahora podemos estar bajo la autoridad de esta otra comunidad’ —refiriéndose a otras comunidades de altcoins”, señaló Kanyi Maqubela, socio gerente de la firma de capital de riesgo Kindred Ventures.
Los cambios también se reflejan en el comportamiento corporativo. Inspirados en la estrategia de Michael Saylor, ha surgido una nueva generación de acumuladores de Bitcoin. En abril, una empresa de adquisición con propósito especial (SPAC) vinculada a Cantor Fitzgerald LP se asoció con Tether Holdings SA y SoftBank para lanzar Twenty One Capital Inc., con casi 4.000 millones de dólares en Bitcoin como capital inicial. La familia Trump, que también se involucra en la minería de Bitcoin, recaudó 2.300 millones de dólares a través de Trump Media & Technology Group Corp. para crear una tesorería en BTC.
Aunque también se han creado vehículos similares para acumular tokens más pequeños como Ether, Solana y BNB, estos son mucho más modestos.
Destellos de esperanza
No todas las altcoins están en crisis. Tokens como Maker y Hyperliquid, vinculados a protocolos de finanzas descentralizadas (DeFi) en expansión, han registrado fuertes subas este año.
“Hay un subconjunto del mercado que lo está haciendo increíblemente bien —generalmente empresas con negocios reales, ingresos reales, y que utilizan esos ingresos para recomprar tokens”, explicó Jeff Dorman, director de inversiones de la firma Arca, especializada en activos digitales.
También hay esperanza en torno a una regulación más favorable. La posibilidad de que la SEC apruebe ETF respaldados por monedas como Solana alimenta las expectativas de una adopción más amplia. Otro catalizador posible es la Ley de Claridad del Mercado de Activos Digitales (CLARITY Act), conocida como el proyecto de ley de estructura de mercado cripto, que busca establecer un marco normativo integral, incluyendo la división de competencias entre la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas (CFTC) y la SEC.
“La Clarity Act podría hacer por las altcoins lo que los ETF hicieron por Bitcoin y Ethereum: brindar la legitimidad regulatoria que destrabe el capital institucional real”, afirmó Ira Auerbach, alto ejecutivo de Offchain Labs.
Aun así, según Maqubela, la cuestión de fondo sigue siendo la utilidad. Compara a Bitcoin con el oro y a Ethereum con el cobre —el primero por su oferta limitada, el segundo por sustentar buena parte de la funcionalidad del ecosistema cripto—, mientras que la mayoría de las altcoins, dice, permanecen en una especie de limbo, apoyadas en promesas grandilocuentes y poca realidad.
“Creo que muchas de ellas van a irse a cero porque fueron impulsadas por la especulación, sin ese valor mimético que tiene Bitcoin, y trataron de ser utilitarias sin alcanzar ninguna escala real”.

