PEKIN.— El Partido Comunista de China se reunirá este mes para definir su visión quinquenal, centrada en la manufactura de alta tecnología como motor para modernizar su amplia estructura industrial y consolidar su poder global, en medio de una creciente rivalidad con Estados Unidos, según analistas.
La reunión, conocida como pleno, también promete incluir medidas contundentes para impulsar el consumo interno y corregir los profundos desequilibrios entre oferta y demanda que amenazan el crecimiento a largo plazo de la segunda economía más grande del mundo.
Ambos objetivos —fortalecer la industria y estimular el consumo— llevan décadas en tensión y apuntan en direcciones opuestas, un dilema que se agrava a medida que las tensiones entre Pekín y Washington empeoran, lo que dificulta un giro hacia políticas centradas en la demanda, explican los expertos.
Fábricas versus consumidores
El crecimiento de China durante la última década se basó en priorizar la expansión industrial, a costa del consumo. Pero esa estrategia hoy alimenta presiones deflacionarias y dispara deudas insostenibles.
La rivalidad cada vez más intensa entre Estados Unidos y China —acentuada por las nuevas amenazas del presidente Donald Trump de aplicar aranceles de tres dígitos— complica aún más el panorama para los responsables de política económica en Pekín.
El dilema es claro: priorizar la competencia geopolítica frente a la necesidad urgente de equilibrar el crecimiento interno.
El nuevo plan quinquenal, que el pleno del 20 al 23 de octubre someterá a aprobación parlamentaria en marzo, volverá a destacar el apoyo a la investigación tecnológica y al desarrollo industrial, dijo Chen Bo, investigador principal del Instituto de Asia Oriental de la Universidad Nacional de Singapur.
“En términos de poder duro de un país, la manufactura sigue siendo la prioridad”, afirmó Chen. “Cuando surge un conflicto, lo que realmente importa es la capacidad industrial, no los servicios”.
En un discurso publicado en julio por la revista del Partido Comunista, Qiushi, el presidente Xi Jinping advirtió que el mundo atraviesa “cambios no vistos en un siglo”, donde la revolución tecnológica y la competencia entre grandes potencias están cada vez más entrelazadas.
Xi llamó a asegurar la “posición estratégica dominante” en la carrera tecnológica global.
China ya lidera en sectores como vehículos eléctricos, energía solar y eólica, y utiliza su dominio en la producción de tierras raras para reforzar su poder negociador antes de unas posibles conversaciones comerciales entre Trump y Xi a finales de octubre.
Exceptuando algunas áreas de alta gama —como aeronaves y semiconductores avanzados—, sus cadenas de suministro son principalmente domésticas. Con Occidente enfocado en reindustrializarse y rearmarse tras la invasión rusa a Ucrania, y con las tensiones en torno a Taiwán y el Mar de la China Meridional, Pekín no contempla desacelerar su impulso manufacturero.
“Si no desarrollas industrias de alto nivel, acabarás dependiendo de otros”, advirtió Guo Tianyong, profesor de la Universidad Central de Finanzas y Economía de Pekín, aunque reconoció que China necesita un mejor equilibrio de políticas.
Analistas de Morgan Stanley anticipan que los comunicados posteriores al pleno delinearán “un marco impulsado por la tecnología y la oferta, con un enfoque incremental en el bienestar social”.
En consecuencia, agregaron, una “reflación decisiva seguirá siendo esquiva en 2026”.
Crecimiento con fisuras
Detrás de las cifras macroeconómicas que aún despiertan envidia, el último ciclo de cinco años ha estado lejos de ser estable. La deflación industrial se ha vuelto estructural, en medio de una crisis inmobiliaria, el endeudamiento de los gobiernos locales, la sobreproducción crónica y el récord de desempleo juvenil.
Una generación formada para empleos calificados y bien remunerados en el sector de servicios —la base de un modelo de crecimiento más orientado al consumo— enfrenta hoy oportunidades limitadas.
“Si solo dependes de la demanda externa y la interna no funciona, tendrás problemas de desempleo y deflación”, explicó Larry Hu, economista jefe para China en Macquarie.
“Si esto continúa uno o dos años más, no pasa nada. Pero a largo plazo, sin duda será un problema”.
Hu espera que China se tome en serio el estímulo al consumo solo cuando la demanda externa se debilite lo suficiente como para poner en riesgo las metas de crecimiento.

