BRASILIA.— El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva atraviesa un momento favorable, y en gran parte se lo debe a Donald Trump.
Lula vuelve a Brasil tras una participación exitosa en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde se posicionó como una voz global sobre la desigualdad y el cambio climático, al tiempo que abrió la puerta a una conversación largamente esperada con el presidente estadounidense.
Los líderes de las dos democracias más grandes de América se cruzaron cuando el brasileño descendía del escenario de la ONU y, en un encuentro que duró menos de un minuto, acordaron reunirse la próxima semana para discutir sus diferencias.
“Lo que antes parecía imposible dejó de ser imposible —y sucedió”, dijo Lula a los periodistas en la ONU el miércoles, antes de partir hacia Brasilia. “Me alegró cuando él dijo que había buena química entre nosotros, ya que creo que las relaciones humanas son 80% química y 20% emoción”.
Lula invitó a Trump a asistir a la cumbre climática COP30 en Brasil este año y, aunque subrayó que la soberanía y la democracia son temas “no negociables”, afirmó estar dispuesto a explorar áreas de cooperación, entre ellas los minerales críticos y la infraestructura digital.
El tono optimista de Lula contrastó con su retórica más dura a comienzos de la semana, cuando denunció los aranceles estadounidenses y acusó indirectamente a Washington de entrometerse en los asuntos internos de Brasil. En la ONU, sin embargo, se mostró dispuesto a la flexibilidad, insistiendo en que Trump había sido “mal informado” sobre Brasil.
“Cuando tenga la información correcta, creo que puede cambiar fácilmente su posición, del mismo modo que Brasil puede cambiar la suya”, agregó.
Mientras ambos países trabajan en los detalles de un posible encuentro, las autoridades brasileñas han señalado que se inclinan por una llamada telefónica con Trump debido a la apretada agenda de Lula. Pero también buscan evitar los incómodos momentos en el Despacho Oval que vivieron los líderes de Ucrania y Sudáfrica, según dos diplomáticos al tanto de las discusiones, que no están autorizados a hablar públicamente sobre el tema.
Impulso en alza
Lula ya llegaba con viento a favor cuando aterrizó en Nueva York el domingo. La disputa de meses con Trump elevó sus índices de aprobación, en la medida en que los brasileños celebraron su desafío frente a los aranceles estadounidenses y su defensa de la soberanía nacional como “no negociable”. Su principal rival, el expresidente Jair Bolsonaro, acababa de ser condenado por la Corte Suprema a más de 27 años de prisión por intentar un golpe de Estado en su contra.
El viaje también reforzó la popularidad internacional de Lula. Varios líderes mundiales pidieron sacarse fotos con el presidente brasileño mientras éste observaba el discurso de Trump en el plenario de la Asamblea General el martes, y muchos más se acercaron a estrecharle la mano cuando el mandatario estadounidense terminó. El presidente francés Emmanuel Macron incluso se esforzó por hablarle en portugués.
“Este es el tipo de liderazgo que necesitamos aquí en la sede de la ONU en Nueva York”, le dijo a Lula Jochen Flasbarth, un funcionario alemán, en un evento organizado por Brasil donde el mandatario anunció un compromiso de 1.000 millones de dólares para apoyar la conservación de bosques en todo el mundo.
En otro acto sobre democracia que Lula realizó junto a otros líderes de izquierda el miércoles, no mencionó a la administración de Trump, a la que había criticado solo un día antes, lo que sugiere una desescalada en la retórica de cara a la reunión de la próxima semana.

