CARACAS.— La líder opositora María Corina Machado volverá a Venezuela en los próximos días, según confirmó su partido, en un movimiento que la propia oposición ya define como un punto de inflexión en el escenario político del país.
El anuncio llega en medio de una fuerte incertidumbre institucional y de una creciente presión para convocar elecciones anticipadas, en un contexto marcado por la reconfiguración del poder tras la captura de Nicolás Maduro y el gobierno interino de Delcy Rodríguez.
El coordinador nacional de Vente Venezuela, Henry Alviárez, aseguró que el retorno de Machado es inminente, aunque evitó precisar una fecha exacta. Según explicó, la dirigente volverá para ejercer sus derechos políticos y participar activamente en la nueva etapa del país.
Desde el partido ya comenzaron a movilizar a la militancia para recibirla, en lo que interpretan como el inicio de una fase decisiva. La narrativa es clara: su regreso no es simbólico, sino operativo.
La oposición considera “impostergable” convocar a elecciones este mismo año, bajo el argumento de una “falta absoluta” en la presidencia.
Alviárez sostuvo que es viable reorganizar la institucionalidad en el corto plazo para avanzar hacia un proceso electoral, siempre que exista voluntad política. En ese marco, el regreso de Machado busca acelerar ese proceso y ordenar el frente opositor.
El entorno de la dirigente ya anticipó que, una vez en el país, iniciará una gira nacional para reconstruir la estructura opositora y consolidar liderazgo en el territorio.
La propia Machado viene señalando que su regreso será coordinado con aliados tanto dentro como fuera de Venezuela, en un intento de garantizar una transición política con respaldo internacional y evitar un nuevo bloqueo institucional.
El retorno se produce en un momento de transición delicada: presión externa, cambios en el equilibrio de poder y una economía que intenta reordenarse bajo nuevas reglas.
En ese contexto, la oposición busca canalizar el descontento social a través de una salida electoral, mientras el oficialismo mantiene el control del aparato estatal.
La vuelta de Machado introduce un nuevo factor de tensión —y también de expectativa— en un escenario donde el margen para errores es mínimo y el tiempo político empieza a correr más rápido que el institucional.

