TOKIO.— Justo cuando Japón empezaba a ganar terreno en su larga y ardua lucha por frenar fuertes caídas de su moneda, surgió un nuevo desafío desde la propia jefatura de gobierno: comentarios al pasar de la primera ministra que transmiten un mensaje distinto sobre la debilidad del yen.
La primera ministra Sanae Takaichi, que se encamina a una elección anticipada que se espera gane ampliamente este domingo, provocó una venta masiva del yen a comienzos de esta semana tras un discurso de campaña en el que destacó los beneficios de una moneda más débil.
Aunque luego dio marcha atrás con esas declaraciones, los burócratas monetarios están preocupados en privado de que las señales contradictorias de la primera ministra puedan socavar los esfuerzos para apuntalar a una divisa castigada, en particular a través de verificaciones de tasas en Estados Unidos que habían señalado una inusual coordinación con Washington.
El yen débil se convirtió en un punto políticamente sensible tanto dentro como fuera del país: en el plano local se lo culpa por el fuerte aumento de los costos de importación y, más recientemente, la administración Trump lo señaló como un factor potencialmente desestabilizador para los mercados estadounidenses.
Según personas al tanto del tema, los comentarios de campaña de Takaichi levantaron rápidamente cejas dentro de su propia administración, lo que activó gestiones internas para evitar repercusiones negativas en los mercados financieros.
“Los funcionarios se vieron obligados a reaccionar a las apuradas a través de la cuenta de X de Takaichi para aclarar sus intenciones durante el fin de semana”, dijo un funcionario de la oficina de la primera ministra.
En una publicación en X el domingo, Takaichi aclaró que no tiene preferencia por la dirección del yen y que sus comentarios anteriores buscaban únicamente señalar que apuntará a construir una estructura económica resiliente a las fluctuaciones cambiarias.
APURO POR SOSTENER EL ARGUMENTO DE UN YEN FUERTE
Tras semanas de fuerte presión bajista sobre el yen, señales de una estrecha coordinación entre Tokio y Washington —incluidas raras verificaciones de tasas por parte de la Reserva Federal de Nueva York— habían contribuido a estabilizar la moneda japonesa.
Las declaraciones iniciales de Takaichi chocaron con la postura de la ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, quien reiteradamente amenazó con intervenir en el mercado para sostener al yen y señaló que el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, comparte la preocupación por la volatilidad excesiva de la moneda.
“Revelaron una completa falta de sentido de urgencia frente a un yen históricamente débil”, dijo Masafumi Yamamoto, jefe de estrategia cambiaria de Mizuho Securities. “Por el contrario, dejaron al descubierto que la convicción de larga data de Takaichi de que la depreciación del yen es beneficiosa para la economía sigue intacta”.
Tras los comentarios de Takaichi, el yen devolvió cerca de la mitad de las ganancias de siete yenes impulsadas por el temor —y la expectativa— de intervenciones conjuntas entre Estados Unidos y Japón para sostener la moneda.
El gobierno también se aseguró de que la aclaración de Takaichi fuera transmitida a las autoridades estadounidenses, dijo otro funcionario. Hasta ahora, Washington se mantuvo en silencio sobre sus declaraciones.
“Desde la perspectiva de Washington, esos comentarios probablemente tampoco fueron bien recibidos”, afirmó Tsuyoshi Ueno, economista senior del NLI Research Institute.
Funcionarios estadounidenses han expresado preocupación por el aumento de los rendimientos de los bonos del gobierno japonés, que coincidió con la debilidad del yen y podría repercutir en los mercados de EE. UU., elevando los rendimientos de los Treasuries y provocando ventas de activos estadounidenses, explicó Ueno.
Según varias fuentes del gobierno japonés, Bessent le dijo a Katayama en una reunión bilateral al margen del Foro Económico Mundial en Davos que el alza de los rendimientos de la deuda japonesa había provocado una “triple venta” en Estados Unidos y urgió a Japón a reaccionar.
La caída de los bonos japoneses, desencadenada por la promesa electoral de Takaichi de suspender temporalmente el impuesto al consumo sobre los alimentos, coincidió con la volatilidad de los mercados generada por las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de reavivar una guerra comercial con Europa por Groenlandia.
El Departamento del Tesoro de EE. UU. no respondió a una solicitud de comentarios fuera del horario laboral. Katayama dijo en enero que ella y Bessent compartían preocupaciones por lo que calificó como la reciente “depreciación unilateral” del yen.
La postura oficial de Tokio sobre los movimientos del yen contrasta con las recientes reflexiones públicas de la nueva primera ministra.
“Leí todo el discurso de campaña de Takaichi, pero sinceramente me pregunto si era necesario decirlo en primer lugar”, dijo un funcionario del gobierno. “Habló sin notas, de manera improvisada, pero al final no queda claro qué quería decir”, añadió.
Los funcionarios declinaron hacer comentarios adicionales por tratarse de un asunto privado.
DISPARANDO DE CINTURA
No es la primera vez que Takaichi hace comentarios espontáneos que se apartan de las líneas cuidadosamente elaboradas por los burócratas. Semanas después de asumir en octubre, comentó en el Parlamento cómo podría reaccionar Tokio ante un hipotético ataque chino a Taiwán, lo que desató la mayor disputa con Beijing en más de una década.
Sin embargo, esas salidas improvisadas son también parte de su popularidad, especialmente entre los votantes más jóvenes.
Según una encuesta del diario Asahi, el Partido Liberal Democrático de Takaichi se encamina a una victoria aplastante en las elecciones a la Cámara Baja de la próxima semana, lo que aumenta la probabilidad de que el país continúe con políticas de fuerte gasto público y recortes impositivos.

