WALL STREET.— Los inversores globales admiten estar navegando a ciegas en mercados sacudidos por una retórica comercial errática desde EE. UU. y pronósticos económicos caóticos, lo que hace que realizar apuestas a largo plazo sea más difícil que en cualquier otro momento desde la crisis del COVID-19 en 2020.
La incertidumbre sobre si la tregua arancelaria de 90 días entre la Casa Blanca y China se mantendrá, sumada a los déficits presupuestarios de EEUU y la volatilidad de las divisas, ha llevado a los inversores a actuar con extrema cautela respecto a dónde colocar su dinero.
Los mercados han estado en una montaña rusa durante semanas: las acciones mundiales subieron un 20% desde los mínimos de más de un año que tocaron tras el anuncio arancelario del presidente Donald Trump el 2 de abril, luego de haber caído un 15% en solo tres jornadas.
La turbulencia continuó este jueves con una venta repentina de deuda pública global, lo que volvió a espantar a los inversores de largo plazo, quienes temen que los mercados hayan perdido el ancla que proveían los pronósticos consensuados.
«No hay visibilidad macroeconómica», dijo Francesco Sandrini, CIO para Italia de Amundi, el mayor gestor de activos de Europa.
Afirmó que estaba siguiendo tendencias especulativas de corto plazo en lugar de tomar una posición sobre las perspectivas globales:
«Puede que tengas razón sobre el escenario económico y las valoraciones a largo plazo, pero el riesgo es que el corto plazo sea muy doloroso».
Otros administradores de fondos señalaron que han colocado sus carteras globales en posiciones neutrales, sin inclinaciones hacia ningún escenario particular, porque incluso si sus visiones fueran acertadas, los activos no están operando de forma confiable.
«En este momento no hay recompensa por asumir riesgos», sostuvo Florian Ielpo, jefe de macroeconomía de Lombard Odier Investment Managers.
Los fondos CTA (Commodity Trading Advisors), que replican las tendencias predominantes del mercado, tampoco están tomando apuestas direccionales fuertes sobre acciones o bonos, según datos de J.P. Morgan publicados el martes.
IMPREDECIBLE
Esta semana, los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 30 años se dispararon a 5,013%, desde apenas 4,84% dos semanas atrás, y los rendimientos japoneses equivalentes tocaron máximos históricos, en movimientos abruptos que los analistas no han podido explicar con precisión.
A comienzos de mes, las tensiones comerciales también provocaron una ola especulativa que impulsó un alza del 8% del dólar taiwanés frente al dólar estadounidense en solo dos días.
John Roe, jefe de fondos multi-activos del mayor inversor británico L&G, afirmó que el último momento con este nivel de imprevisibilidad fue durante la pandemia en 2020.
Comentó que había comprado brevemente acciones en Wall Street a principios de abril, pero volvió a una postura neutral sobre acciones globales y bonos soberanos a comienzos de este mes.
Luego, la Casa Blanca y Pekín acordaron suspender los aranceles recíprocos, lo que animó a los mercados. Pero los temores reaparecieron esta semana después de que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, amenazara con aplicar aranceles máximos a socios comerciales no especificados.
«Tenemos todos estos escenarios y una semana después podrías tirarlos a la basura», dijo Roe.
Barclays, por ejemplo, canceló la semana pasada su previsión de que EE. UU. entraría en recesión este año.
Según Roe, tras la pandemia era en cierto modo más fácil hacer modelos económicos porque eventos como la llegada de las vacunas ofrecían «señales claras» sobre el rumbo económico.
El estratega global jefe de HSBC Asset Management, Joe Little, anticipa más episodios de movimientos de precios inusuales en estos mercados «sacudidos por vaivenes».
«Esto lo hace muy difícil para los inversores de largo plazo en cuanto a mantener posiciones y convicciones», afirmó.
Sandrini, de Amundi, advirtió que los mercados podrían moverse en «oscilaciones muy dañinas» debido a la especulación apalancada.
Las entradas en fondos apalancados que replican índices bursátiles, que usan capital prestado para amplificar ganancias y pérdidas, alcanzaron un récord a fines de abril cuando las acciones estadounidenses repuntaron, según datos de LSEG Lipper.
Estrategas de Citi indicaron que la negociación de derivados riesgosos en EE. UU. conocidos como “opciones de cero días”, que ofrecen exposición barata al movimiento del mercado accionario y pueden agravar los derrumbes, también alcanzó niveles récord.
«Lo más peligroso que podía pasar era el rebote bursátil», dijo César Pérez Ruiz, CIO de Pictet Wealth Management, quien argumentó que esto atrajo a traders amateurs que podrían entrar en pánico y vender ante cualquier indicio de recesión en EE. UU.
El Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) advirtió en marzo que las sorpresas macroeconómicas provenientes de EE. UU. estaban «provocando reacciones mayores en los mercados del exterior».
Pero los inversores bajistas a largo plazo también enfrentan estampidas de inversores minoristas y fondos que siguen tendencias cada vez que los mercados repuntan brevemente, afirmó Ielpo, de Lombard Odier.
«Tenemos que aceptar que lo que sabíamos sobre cómo invertir no aplica en este momento», concluyó.

