PEKÍN.— El gigantesco proyecto de Pekín busca estimular la economía, asegurar el suministro energético y reforzar el control sobre un río vital para millones.
Sesenta veces más cemento que la represa Hoover, más acero que el que contienen 116 edificios Empire State y suficiente hormigón como para construir una autopista de dos carriles alrededor de la Tierra cinco veces: eso es lo que demandará el nuevo proyecto hidroeléctrico de USD 167.000 millones que China está construyendo en el Tíbet.
Las obras comenzaron oficialmente este mes en lo que promete ser uno de los mayores proyectos de infraestructura de la historia. Es una apuesta que definirá el legado del presidente Xi Jinping, en su intento por reactivar de manera sostenible una economía que se desacelera, reforzar el control sobre una región históricamente conflictiva y proyectar poder más allá de sus fronteras.
El proyecto sobre el río Yarlung Tsangpo representa una arriesgada apuesta por una vieja receta: que la construcción de obras monumentales puede reanimar el crecimiento de una economía acosada por la deflación, una prolongada crisis inmobiliaria y crecientes presiones comerciales y geopolíticas. También le otorga a Xi una nueva herramienta de control estatal, que respalda su esfuerzo por asimilar el Tíbet mediante la integración económica.
“Para Pekín, construir una nueva megaobra es la respuesta a múltiples dilemas”, afirma Dan Wang, investigador en el Hoover History Lab de la Universidad de Stanford y autor del próximo libro Breakneck: China’s Quest to Engineer the Future. “Y no hay desafío más emocionante que una represa realmente grande”.
El Yarlung Tsangpo nace en los glaciares del Tíbet, realiza un brusco giro en U alrededor del Namcha Barwa —el pico más alto de la prefectura de Nyingchi— y cae más de 2.000 metros a lo largo de un tramo de 50 kilómetros, formando uno de los cañones más profundos del mundo y una fuente irresistible de potencial hidroeléctrico.
Los ingenieros planean perforar túneles desde la parte alta de la curva hasta el fondo, canalizando el agua a través de turbinas antes de devolverla a su cauce natural. Es un sistema diseñado para minimizar el impacto aguas arriba y aguas abajo. Pero, en la práctica, drenaría uno de los tramos más ricos en biodiversidad del río y llevaría trabajos de gran escala a una zona de alta actividad sísmica. El terremoto de magnitud 8,6 en Assam-Tíbet, uno de los más fuertes jamás registrados en tierra firme, ocurrió en 1950, a solo 153 millas de Nyingchi.
China ya ha intentado antes desarrollos hidroeléctricos masivos. La represa de las Tres Gargantas, de USD 37.000 millones, actualmente la mayor central eléctrica del mundo, fue durante años el símbolo máximo de ambición. Pero para los expertos que siguen de cerca este nuevo proyecto, el actual opera en una escala completamente distinta. “Este supera por completo a las Tres Gargantas”, asegura Dominic Ahiaga-Dagbui, director del Megaprojects Research Group en la Universidad Deakin, en Australia.
Al igual que su predecesora, la nueva represa se está construyendo en un contexto de incertidumbre económica. En los años 90, China recurrió a grandes obras públicas para estimular el crecimiento. Ahiaga-Dagbui cree que está recurriendo nuevamente a ese viejo manual, utilizando esta obra para absorber el exceso de capacidad industrial y generar empleo.
Pekín presentó oficialmente la propuesta de la represa en 2021, como parte de su plan quinquenal y dentro de una estrategia más amplia para explotar el potencial hidroeléctrico del altiplano tibetano. Esa estrategia fue aprobada en diciembre del año pasado, aunque su implementación silenciosa ha generado suspicacias. Para un proyecto de esta magnitud, ha habido muy poco debate público. Si existen evaluaciones de impacto ambiental o planes de reubicación, probablemente se hayan aprobado a puertas cerradas.
La demanda que generará este proyecto se hará sentir en toda la economía: 50 millones de toneladas de cemento, 6 millones de toneladas de acero, 250 millones de toneladas de arena y áridos, 500.000 toneladas de cobre y cientos de miles de toneladas de explosivos. Las duras condiciones del altiplano tibetano podrían acelerar el desgaste de insumos como las brocas de perforación, elevando aún más los costos de materiales. Es un tipo de estímulo que busca reactivar la demanda en un contexto donde la confianza del consumidor y la inversión privada han perdido fuerza.

