BRASILIA.- A raíz de las contradicciones ideológicas y los conflictos políticos en el Congreso, el presidente Jair Bolsonaro se ha visto obligado a postergar la implementación de una agenda económica liberal y retrasa la aprobación de reformas prometidas durante su campaña electoral.
Aunque parecía improbable, la semana pasada Bolsonaro fue elogiado por el progresismo brasileño. Tras ser alertado sobre una posible huelga de camioneros, el presidente intervino en la compañía petrolera Petrobras y frenó un incremento previsto de 5,7% en el precio de los combustibles.
En otras palabras, el presidente ordenó cancelar el aumento que tenía previsto realizar la estatal por temor a las protestas.
El vicepresidente de Brasil, general Hamilton Mourao, admitió que existe una contradicción entre un gobierno que se denomina liberal en lo económico y la decisión del presidente Jair Bolsonaro de interceder ante la estatal Petrobras para postergar el aumento del precio del gasoil.
La expresidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trajadores, saludó la intervención del gobierno en la política de precisos de la empresa, algo corriente durante su mandato, mientras que el mercado reaccionó con una fuerte caída del valor de las acciones de la compañía en la bolsa.
Mientras Bolsonaro adopta algunas medidas de expansión del gasto e intervención en la economía, el liberal ministro de Economía Paulo Guedes, un exbanquero formado en Chicago, disimuló su incomodidad.
“No puedo quejarme, mi autonomía para tomar decisiones no fue alcanzada”, dijo Guedes el miércoles en una entrevista con Globo. El ministro se enteró a través de la prensa que Bolsonaro había decidido congelar el precio del combustible mientras participaba de un viaje oficial a Estados Unidos.
En ese sentido, Guedes aseguro que el presidente no “actuó de la mejor forma” pero que estuvo atento a la “dimensión política” que significaría ajustar el precio del combustible.
Pero esto ha causado que mientras Bolsonaro intenta encontrar un equilibrio entre la agenda liberal y algunas decisiones intervencionistas, el mercado reaccione con recelo, según analistas.
“La confianza en el gobierno va disminuyendo progresivamente a medida que no hay avances en la reforma de jubilaciones. La aprobación es vital para la economía y será una prueba de supervivencia para Bolsonaro”, aseguro Gilberto Braga, economista profesor del Instituto Brasileño de Mercado de Capitales (IBMEC).
Dos semanas atrás el Banco Central brasileño redujo la previsión de crecimiento de la economía de 2,4% a 2% en línea con varias instituciones financieras y organismos internacionales.

