BRASILIA.— Brasil redujo sus emisiones de gases de efecto invernadero un 16,7% en 2024, según el Observatorio del Clima, gracias al freno de la deforestación amazónica y al restablecimiento de políticas ambientales impulsadas por Luiz Inácio Lula da Silva.
El país emitió 2.145 millones de toneladas de CO₂ equivalente, frente a las 2.576 millones de 2023, en lo que representa la segunda mayor caída desde 1990 y la más pronunciada desde 2009.
El Observatorio atribuyó el resultado a la reversión del “descontrol deliberado” durante los años de Jair Bolsonaro, cuando la Amazonía alcanzó récords de tala.
Solo las emisiones vinculadas a la deforestación bajaron un 32,5% en 2024, mientras que el resto de los sectores se mantuvo estable o con leves aumentos: la agricultura y la ganadería retrocedieron 0,7%, la energía subió 0,8%, la industria 2,8% y los residuos 3,6%.
El informe del Sistema de Estimaciones de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero (SEEG) distingue entre emisiones brutas y líquidas, que descuentan el carbono capturado por bosques secundarios y áreas protegidas. Bajo esta metodología, las emisiones líquidas cayeron un 22% en 2024, hasta 1.489 millones de toneladas de CO₂ equivalente.
Este cálculo —que el Gobierno usa en sus compromisos internacionales— refuerza la estrategia ambiental de Lula de alcanzar la neutralidad climática en 2050 y posicionar a Brasil como líder del bloque amazónico en la lucha contra la crisis climática.
A pesar del avance, el Observatorio advierte que los sectores energético e industrial continúan elevando su huella, impulsados por el transporte y la producción de cemento y acero. Para cumplir la meta de limitar el calentamiento global a 1,5 °C, Brasil deberá recortar sus emisiones un 92% respecto a 2005 antes de 2035.
El progreso coloca al país entre los pocos emergentes que reducen emisiones en un contexto de crecimiento económico.

