JOHANNESBURGO.- En Johannesburgo, la joven sudafricana Lutho Makheyi describe el constante miedo a la violencia y la inseguridad en su suburbio, afectado por bandas criminales que controlan la explotación minera ilegal. A menos de tres semanas de las elecciones legislativas del 29 de mayo, la inseguridad se suma a las principales preocupaciones de los sudafricanos, junto con el desempleo y la corrupción.
En este suburbio, conocido por su historia en la fiebre del oro del siglo XIX, facciones rivales luchan por controlar lo que queda del valioso mineral. Makheyi comparte su experiencia personal de traumas debido a la violencia, incluida la muerte de un amigo en un tiroteo.
El barrio de chabolas de Zamimpilo, ubicado frente al suburbio obrero de Riverlea, alberga a mineros clandestinos llamados «zama zamas», quienes viven con sus familias en espera de viviendas sociales. La violencia diaria afecta a los niños, como relata Nobukho Novozoka, madre de una niña pequeña que se esconde durante tiroteos.
La inacción gubernamental es evidente, a pesar de las promesas de acción contra la inseguridad. Las redadas policiales han sido ineficaces, y la actividad minera clandestina continúa, alimentada en parte por la complicidad de algunos políticos. Aunque el gobierno expresa preocupación por esta situación, los problemas persisten.
En medio de la desesperación, los mineros clandestinos como Thobani arriesgan sus vidas en la búsqueda de oro. A pesar de los peligros y las extorsiones, el negocio sigue siendo tentador, con la esperanza de obtener ganancias significativas. Sin embargo, la realidad es cruel, con la violencia y la explotación omnipresentes bajo tierra.