CARACAS.— Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados con menos de un minuto de diferencia sacudieron este miércoles a Venezuela, dejando al menos 32 muertos y más de 700 heridos, además de provocar el colapso de decenas de edificios y severos daños en el principal aeropuerto internacional del país.
El primer sismo, de magnitud 7,2, fue seguido casi inmediatamente por otro de magnitud 7,5, cuyo epicentro se ubicó en el estado Yaracuy, al oeste de Caracas, según informó el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, confirmó el balance preliminar de víctimas durante un mensaje a la nación y advirtió que la cifra de fallecidos podría aumentar a medida que avanzan las tareas de rescate.
«Todas nuestras autoridades y el sistema de protección civil están concentrados en la tarea primordial de salvar vidas. Posteriormente abordaremos todo lo relacionado con la recuperación de la infraestructura», afirmó Rodríguez.
La funcionaria señaló que aún no dispone de un balance completo de víctimas en el estado costero de La Guaira, una de las zonas más afectadas, donde decenas de edificios colapsaron y el principal aeropuerto internacional del país suspendió sus operaciones debido a los graves daños sufridos.
Las autoridades también ordenaron el cierre de escuelas y recomendaron suspender todas las actividades no esenciales, mientras el Gobierno declaró el estado de emergencia ante lo que se considera el peor terremoto registrado en Venezuela en varias décadas.
En el plano internacional, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, informó que Washington desplegará de inmediato equipos de búsqueda y rescate, asistencia médica y ayuda humanitaria hacia Venezuela. Previamente, el presidente Donald Trump había manifestado, a través de la red Truth Social, que Estados Unidos acompañará al país en las tareas de asistencia.
Rodríguez agregó que organismos multilaterales de crédito también se comunicaron con el Gobierno para ofrecer apoyo frente a la emergencia.
En el barrio Palos Grandes, en el este de Caracas, vecinos participaron en tareas improvisadas para rescatar personas atrapadas bajo los escombros de edificios derrumbados, mientras numerosas familias permanecían en las calles debido a las continuas réplicas.
La interrupción de las comunicaciones complicó además el contacto entre venezolanos residentes en el exterior y sus familiares, debido a la caída del servicio de telefonía móvil en amplias zonas del país.
El Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico emitió inicialmente una advertencia para el Caribe, aunque posteriormente fue levantada.
El desastre agrava la delicada situación económica de Venezuela, que enfrenta una de las tasas de inflación más elevadas del mundo y cortes recurrentes en el suministro eléctrico.
El contexto político también añade complejidad a la crisis, luego de que el presidente Nicolás Maduro fuera capturado por fuerzas estadounidenses durante un operativo realizado en Caracas en enero, dejando al país bajo un gobierno de transición encabezado por Rodríguez.

