BUENOS AIRES.- Nuevamente se ha convertido en noticia los vaivenes y operaciones judiciales dentro de la comunidad de inteligencia argentina. La historia habría tenido origen en la supuesta convocatoria de algún miembro del Poder Ejecutivo Nacional al coronel retirado del área de inteligencia Pablo Guillermo Quiroga para escuchar su teoría desde el ámbito de su conocimiento de la materia sobre de que manera se podría reestructurar la Secretaría de Inteligencia del Estado, solo a título consultivo. Menos de un mes después de esa supuesta reunión es que “curiosamente” se inicia un investigación cuyas pruebas utilizadas para la imputación que hoy tiene en calidad de detenido preventivamente al coronel dejan demasiados grises difíciles de entender.
Según lo publicado por el portal argentino Sección País, ya acumula más de dos meses detenido en una celda del Complejo Penitenciario de Marcos Paz el coronel retirado Pablo Guillermo Quiroga (63). Con trayectoria en la Inteligencia del Ejército, residente en Nordelta y propietario de una agencia de investigaciones, hoy carga con un procesamiento con prisión preventiva y un embargo por 100 millones de pesos.
Para la jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, es la pieza central de una organización criminal: el “vínculo” institucional que habría permitido a una banda narco despachar cocaína rumbo a Francia en las bodegas de vuelos comerciales.
El caso ganó notoriedad cuando Clarín lo publicó a comienzos de enero, pero con el paso de los días el expediente deja ver una tensión inquietante. De un lado, la fuerza de las escuchas y de los registros de inteligencia criminal; del otro, la total inexistencia de droga secuestrada y la confesión de un hombre que, lejos del perfil de un capo, declaró ante la Justicia haber sido víctima de su propia vanidad.
La acusación y el “enlace” político
Para los investigadores, Quiroga integró una “confabulación”. La pesquisa se originó en el teléfono de Martín Asci, un narco detenido en el operativo “Los Reyes del Norte”. De allí surgieron videos filmados en bodegas de aviones de KLM y planes para enviar estupefacientes a París o Australia.
Según la magistrada, Quiroga actuaba como nexo con la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). Pero al examinar con lupa ese lazo, el entramado criminal pierde nitidez. El contacto comprobado es con Carlos Tonelli, actual director de la PSA.
Fuentes oficiales confirmaron a este medio que la relación existe, aunque no tiene carácter delictivo: se forjó en el ámbito político, cuando ambos coincidieron en equipos técnicos de Juntos por el Cambio durante la campaña de 2023.
Tan débil aparece la presunción de una connivencia real que Tonelli ni siquiera fue convocado a declarar como imputado, lo que valida de manera tácita que Quiroga habría utilizado ese vínculo legítimo para aparentar poder frente a la banda.
“Soy un pelotudo”
Ante este cuadro probatorio, la defensa —liderada por el abogado Raúl Rosa, ex SIDE— propone una lectura menos cinematográfica: la de un hombre quebrado que sobreactuó su influencia.
En la ampliación de su indagatoria, el coronel fue brutalmente franco: “Soy un pelotudo”. De acuerdo con su versión, no fue un operador logístico sino un “vende humo” que inventaba encuentros para ganar estatus.
En su relato, el ingreso al grupo no estuvo marcado por el delito sino por la religión. El primer vínculo fue con Felipe Stanga, despachante de aduana a quien conoció entre 2016 y 2018 en retiros de la congregación católica El Camino de Emaús, en San Isidro.
En ese momento, Stanga afrontaba una causa por homicidio culposo y, tras recuperar la libertad, el coronel intentó asistirlo. Luego, Stanga lo presentó a Gastón Herrero (con quien Quiroga asegura haber tenido solo un trato administrativo) y, finalmente, a Martín Asci, su ex compañero de celda.
Bajo la idea de colaborar con la “reinserción” de Asci, Quiroga explicó que buscó encaminarlo hacia un negocio legal: la compra y venta de autos. Incluso detalló ante la jueza una operación específica: la entrega de un Peugeot 208 como parte de pago para retirar un Toyota Etios en una concesionaria de Pacheco.
Pero el vínculo tenía una vía paralela. Asci estaba obsesionado con ingresar a las fuerzas de seguridad. “Martín quería ser agente de la SIDE”, señaló el coronel, reconociendo que alimentaba esa ilusión con mentiras piadosas.
Aquí aparece una hipótesis alternativa que circula en tribunales: que Quiroga no pretendía asociarse al narcotráfico, sino usar a Asci como “informante” o “buche”. Esta línea gana peso a partir de un mensaje que el coronel envió al propio Tonelli (PSA), en el que se refería a Asci como una “fuente”. “Fuente es quien puede aportar información de interés”, se defendió Quiroga, sugiriendo que su juego era de inteligencia y no de drogas.
El disparador de la detención fue un viaje a Lima, leído por la Justicia como riesgo de fuga. Quiroga, en cambio, aportó una coartada laboral: viajaba para asumir un puesto de seguridad corporativa en Movistar Perú, propuesta que —según confirmó este medio— le llegó de un ex directivo de la disuelta Agencia Federal de Inteligencia (AFI) con pasado en el Ejército Argentino.
Cuando fue detenido en Ezeiza, no llevaba divisas. Solo cuatro cajas de Dunkin’ Donuts para sus nietos. “Le pusieron ‘Operación Donas’ porque soy militar y a todo le decimos operación”, explicó.
Tampoco apareció la droga que sugerían las escuchas. Allí donde los investigadores escuchaban referencias a “cosas de la droguería” (precursores químicos), Quiroga aseguró que se trataba de cremas. Dijo que su agencia (Código Q) hacía investigaciones para el laboratorio Andrómaco y que, tras una compra controlada, terminó con “el baúl lleno de cremas, de ahí la broma”.
Lo único concreto fue el arsenal encontrado en su casa (una Hafdasa, una Colt y un subfusil), que atribuyó a su odontólogo, Enrique Santos, quien se las habría entregado “porque estaba viejo” para que gestionara los trámites ante la ANMAC.
La pesquisa del fiscal Fernando Domínguez dio esta semana el movimiento final que completa el mapa de sospechosos. El miércoles 28 de enero, Gendarmería Nacional allanó una torre de la calle Juana Manso al 600, en Puerto Madero, y detuvo a Gastón Herrero, último prófugo del expediente, junto a un presunto cómplice, Daniel Lerner.
Con toda la banda detenida, la mirada se desplaza ahora a la Cámara Federal de San Martín, que tiene desde el 31 de diciembre la apelación de la defensa sobre la situación procesal de Quiroga. Se espera que, a partir de este lunes y con el cierre de la feria judicial de enero, haya definiciones.
Serán los camaristas quienes deban leer entre líneas y discernir entre un peligroso operador logístico del narcotráfico y un militar retirado que, en su afán de impresionar, terminó convertido en el villano de una película que él mismo escribió, pero que no supo protagonizar.

