WASHINGTON.— Si se reducen a lo esencial los cientos de disposiciones fiscales incluidas en la amplia ley que el presidente Donald Trump firmó el 4 de julio, el panorama queda claro: las tasas que los estadounidenses pagarán ya no dependerán tanto de cuánto ganan, sino de cómo ganan ese dinero, dónde viven e incluso quiénes son.
La nueva legislación, aprobada por los republicanos, marca una ruptura con uno de los objetivos históricos de muchos conservadores: simplificar el código tributario. Candidatos presidenciales del Partido Republicano como Steve Forbes en los años 90 o Herman Cain en 2012 defendieron sistemas de tasa única sin deducciones, y la reforma impositiva de 2017 —durante el primer mandato de Trump— eliminó decenas de exenciones, aunque también introdujo beneficios muy lucrativos para empresarios e inversores.
En cambio, el nuevo paquete fiscal de US$3,4 billones multiplica las categorías de personas y actividades económicas con tratamiento preferencial. Amplía los beneficios de la ley de 2017 para inversores, propietarios de empresas y herederos adinerados, al tiempo que añade nuevas deducciones para propinas, horas extra, intereses de préstamos automotores, adultos mayores, padres y ciertos sectores industriales.
“Nada en esta ley sugiere simplificación”, dijo Andrew Zylka, socio de la firma contable UHY. “Lo que hace es agregar más cosas de las que preocuparse al momento de hacer la declaración de impuestos”.
También implica que, ya ganes US$100.000 o US$100 millones, tu tasa impositiva efectiva podría diferir enormemente de la oficial, dependiendo de cómo generás tus ingresos. Entre los ejemplos más claros están los nuevos beneficios fiscales para ingresos por propinas y horas extra, que Trump insistió en incluir. Pero estas deducciones tienen límites, no se aplican a cargas sociales y vencen en cuatro años. Más relevantes a nivel económico son los incentivos dirigidos a contribuyentes de mayores ingresos, que ahora se hacen permanentes.
Disposiciones especiales
Una deducción del 20% para propietarios de empresas con ingresos “pass-through”, introducida en 2017 y que tenía fecha de vencimiento, se mantiene en el código, aunque sigue excluyendo a los profesionales con altos ingresos en sectores como derecho, finanzas o salud.
Los ejecutivos de private equity conservarán tasas impositivas más bajas gracias a la llamada “carried interest loophole” (laguna legal que Trump había prometido cerrar). A su vez, capitalistas de riesgo y fundadores de startups podrán evadir impuestos sobre millones de dólares de ingresos adicionales gracias a una versión más generosa del beneficio para acciones de pequeñas empresas (Qualified Small Business Stock o QSBS).
La ley eleva el tope para deducciones de impuestos estatales y locales (SALT) de US$10.000 a US$40.000, favoreciendo a los residentes de estados con altos impuestos y a quienes tienen propiedades costosas. Pero este nuevo tope se elimina para quienes ganan más de US$500.000 al año y volverá a US$10.000 en 2030. Las empresas con estructura “pass-through” podrán seguir deduciendo el total de sus SALT mediante mecanismos implementados a nivel estatal.
Durante los 112 años de vigencia del impuesto federal sobre la renta, los políticos han tendido a complicarlo mediante exenciones especiales. La reforma bipartidista de 1986 fue una excepción: simplificó el sistema, eliminó deducciones y redujo las tasas para que inversores, trabajadores y otros pagaran más o menos lo mismo. Pero con los años se reintrodujeron beneficios para premiar ciertos comportamientos, en especial los de los inversores, que hoy pagan tasas mucho más bajas sobre ganancias de capital a largo plazo que los trabajadores sobre sus salarios.
Durante el mandato de Joe Biden, los demócratas no lograron avanzar con propuestas para cerrar esa brecha mediante más impuestos a los grandes inversores, aunque sí aprobaron cientos de miles de millones en beneficios fiscales para energías limpias.
“Ha sido una especie de deslizamiento gradual”, explicó Megan Jones, abogada fiscal en Vedder Price, Los Ángeles. “El código impositivo cada vez incentiva más ciertos tipos de ingresos o conductas”.
El objetivo de la reforma de 2017, impulsada por el ex presidente de la Cámara Paul Ryan, era simplificar el sistema para que la mayoría de los estadounidenses pudieran hacer su declaración en una postal. En parte, lo lograron: al aumentar la deducción estándar y eliminar deducciones específicas, el proceso se volvió más simple para millones de contribuyentes. El porcentaje de quienes usaban la deducción estándar pasó del 68% en 2017 al 88% en 2021.
El año próximo será distinto. El nuevo límite SALT motivará a muchos más a volver a presentar deducciones detalladas. Incluso las deducciones que no requieren ítems —como las de propinas u horas extra— implicarán trámites adicionales.
A partir de este año, los contribuyentes podrán deducir hasta US$10.000 anuales en intereses de préstamos automotores hasta 2028. Pero solo se aplica a vehículos nuevos ensamblados en EE. UU., por lo que el IRS deberá establecer cómo se comprobará ese requisito.
Debido a que muchas de estas nuevas deducciones tienen límites de ingresos y tamaño, saber si alguien califica puede requerir cálculos complejos o software especializado.
“Estamos bastante seguros de que podremos adaptarnos”, dijo Miguel Burgos, contador de TurboTax. Aclaró que el IRS podría tardar algunos meses en especificar cómo se aplicarán las nuevas reglas en la práctica, y que la próxima temporada de declaraciones “podría requerir más tiempo y documentación adicional de los contribuyentes”.
Según el Penn Wharton Budget Model, el 40% más pobre de los estadounidenses saldrá perdiendo con el tiempo, los sectores medios quedarán prácticamente igual, y los mayores beneficios irán para quienes ganan entre US$400.000 y US$1 millón, con un aumento mediano del 2,9% en sus ingresos después de impuestos para 2030.
Son promedios, por supuesto, y pueden variar mucho según cada caso. Un análisis del Budget Lab de la Universidad de Yale evaluó la “equidad horizontal”, es decir, si contribuyentes con ingresos similares pagan impuestos similares. La conclusión: la nueva ley revierte cerca de la mitad del progreso logrado en 2017 hacia una mayor equidad horizontal.

