ISLAMABAD.— Las lluvias torrenciales que azotan a Pakistán desde junio, y que ya han dejado más de 200 muertos, continuarán en los próximos días, según informó la agencia meteorológica del país.
Amplias zonas de la provincia de Punyab han registrado precipitaciones por encima de lo normal en las últimas dos semanas, con muchas localidades recibiendo 150 milímetros (6 pulgadas) más que los promedios históricos para este período, según el Centro de Predicción Climática de EE.UU.
Las autoridades de gestión de desastres de Pakistán estiman que el monzón de este año es un 65% más intenso que el del año pasado, y advierten que las temporadas de lluvias futuras probablemente serán más severas y comenzarán antes.
Pakistán ha sufrido una serie de impactos extremos del cambio climático en los últimos años, como olas de calor e inundaciones prolongadas en 2022, que dejaron más de 1.700 muertos y causaron daños por cerca de 40.000 millones de dólares.
“Pakistán contribuye mínimamente a las emisiones globales de gases de efecto invernadero, pero se encuentra entre los diez países más vulnerables al cambio climático”, afirmó el primer ministro Shehbaz Sharif en un comunicado la semana pasada sobre la gestión de desastres. “Es un desafío, pero también una oportunidad para construir una nación resiliente al clima, especialmente en los sectores agrícola y de infraestructura”, añadió.
Los derrumbes de edificios han sido una de las principales causas de muerte en las últimas semanas, con al menos 136 víctimas fatales hasta el 21 de julio, lo que pone de manifiesto que la resiliencia de la infraestructura sigue siendo un gran desafío para un país que enfrenta fuertes lluvias casi todos los años. El número de muertos de este año refleja una falta persistente de preparación, pese a que en 2022 las inundaciones desplazaron a 8 millones de personas.
Según la ONG ambiental Germanwatch, Pakistán fue el país más afectado por los impactos climáticos ese año, con desastres que recortaron un 4% de su PBI.
Eventos extremos adicionales probablemente ejercerán aún más presión sobre la frágil economía del país, ya afectada por deudas, inestabilidad política y una crisis energética crónica. El cambio climático podría poner en riesgo los modestos avances logrados en los últimos dos años tras la obtención de nuevos préstamos del Fondo Monetario Internacional.

