LA PAZ.— Tras ganar las elecciones del domingo, Rodrigo Paz, el próximo presidente de Bolivia, está trazando un raro camino centrista para sacar a su país de la crisis económica, enfocándose en políticas prácticas por encima de las divisiones ideológicas que afectan a sus vecinos.
El presidente electo mantiene relaciones cordiales con diversos políticos cuyo apoyo necesitará para rescatar a esta nación sin salida al mar del colapso económico. No duda en restablecer lazos con Estados Unidos y otros países que sus predecesores habían dejado de lado. En un contexto de escasez de combustible y dólares, las apuestas son altas para el primer líder centrista de Bolivia en una generación.
Su victoria recibió reconocimientos variados, desde un reconocimiento renuente del expresidente Evo Morales dentro del país hasta una cálida felicitación de la líder opositora venezolana María Corina Machado en el exterior.
De cara a su asunción el 8 de noviembre, el primer desafío de Paz será reabastecer el suministro de combustible que la administración saliente de Luis Arce no pudo pagar. Planea aumentar el suministro mediante pagos diferidos mientras espera inyecciones de dólares de prestamistas multilaterales y otras fuentes extranjeras, dijo José Gabriel Espinoza, asesor económico de su partido Demócrata Cristiano (PDC).
El equipo de Paz está en conversaciones con Estados Unidos, Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay para asegurar suministros de emergencia. Además, el PDC planea crear un “fondo de estabilización” y permitir que el sector privado importe combustible, mientras la tarea será supervisada por la empresa estatal YPFB.
Bolivia normalmente importa combustible a través de Chile, con el que rompió relaciones diplomáticas en 1978 debido a un conflicto histórico por acceso soberano al Pacífico.
Paz ganó la segunda vuelta con 54,4% de los votos, derrotando al rival de derecha Jorge “Tuto” Quiroga, quien reconoció la derrota. “Bolivia respira vientos de cambio”, dijo Paz en su discurso de victoria, anunciando el respaldo de tres partidos más en el Congreso, lo que le permitirá aprobar leyes para acceder a crédito internacional y reformar los sectores energético y minero para atraer inversión extranjera.
Aunque no descarta recurrir al Fondo Monetario Internacional, un recurso delicado en América Latina, Paz ya está preparando una línea financiera inicial con bancos de desarrollo regional como CAF y Fonplata.
Se prevé que Bolivia pueda pasar a un tipo de cambio único, determinado por el mercado, en enero, además de reestructurar el gasto público y reducir a la mitad el déficit fiscal estimado del 10% para 2026. La administración busca revitalizar la industria del gas reabriendo pozos inactivos antes de implementar reformas estructurales, incluyendo posibles cambios a la ley de hidrocarburos y a la constitución.
Tras dos décadas de gobierno socialista, los bolivianos ansían resultados concretos. “Sé que no será fácil por cómo nos dejó este gobierno”, dijo Yenny Rojas, vendedora callejera en La Paz. “Tiene mucho trabajo por delante. Dios lo ayude. No será este año, tal vez dos años. Tenemos que aprender a esperar.”
Paz, con un tono pragmático, se distancia del populismo “evista”, afirmando: “La ideología no pone comida en la mesa. Lo que sí lo hace es el derecho al trabajo, instituciones fuertes, seguridad jurídica y propiedad privada”.

