SALUD.- La teoría de que el COVID-19 podría ser el resultado de experimentos científicos ha puesto bajo la mira el trabajo de los laboratorios biológicos más seguros del mundo.
Aunque las pruebas que vinculan al SARS-CoV-2 con el Instituto de Virología de Wuhan, en China, son estrictamente circunstánciales, los expertos sostienen que los controles en estas instalaciones deben ser más rigurosos por temor a que las fugas accidentales puedan desencadenar otra pandemia.
El laboratorio de Wuhan pertenece a la categoría más segura, comúnmente denominada nivel de bioseguridad 4, o BSL4.
Estos laboratorios están construidos para trabajar de forma segura con bacterias y virus más peligrosos, que podrían causar enfermedades graves para las que no hay tratamiento ni vacunas.
“Hay sistemas de filtración HVAC, para que el virus no pueda escapar por el conducto de escape; cualquier agua residual que sale de las instalaciones es tratada con productos químicos o con altas temperaturas para asegurarse de no hay nada vivo”, explicó Gregory Koblentz, director del programa de Posgrado en Biodefensa de la Universidad George Mason.
Los propios investigadores están altamente capacitados y llevan trajes para materiales peligrosos.
Existen 59 instalaciones de este tipo en todo el mundo, según un informe del que Koblentz es coautor y que se ha publicado esta semana.
No obstante, los accidentes sí ocurren. En las instalaciones de máximo nivel a veces pueden ocurrir, y con mucha frecuencia en los laboratorios de nivel inferior, de los que hay miles.
El virus H1N1 humano se filtró en 1977 en la Unión Soviética y China y se extendió por todo el mundo.
En 2001, un empleado con problemas mentales de un laboratorio biológico estadounidense envió espiras de ántrax por todo el país, matando a cinco personas.
Dos investigadores chinos expuestos al SARS en 2004 propagaron la enfermedad a otros y matando a uno.
En 2014, se halló un puñado de viales de viruela durante una mudanza de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos.
Lynn Klotz, investigadora principal del Centro para el Control y la No Proliferación de Armas, lleva muchos años dando la voz de alarma sobre las amenazas a a la seguridad pública que suponen estas instalaciones.
“Los errores constituyen más del 70% de los errores en los laboratorios”, declaró a la AFP.