WASHINGTON.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, designó el domingo al gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como su enviado especial a Groenlandia, reavivando la preocupación en Dinamarca y en la propia Groenlandia por los planes de Washington sobre la vasta isla ártica, rica en minerales.
Trump sostuvo en reiteradas ocasiones a lo largo de los años que Groenlandia, un territorio de Dinamarca que hoy goza de amplia autonomía, debería pasar a formar parte de Estados Unidos, aludiendo a razones de seguridad y al interés en sus recursos minerales. Landry expresó su respaldo a esa idea.
El canciller danés, Lars Løkke Rasmussen, afirmó el lunes que convocará al embajador estadounidense en Copenhague y dijo estar especialmente molesto por el apoyo de Landry al objetivo de Trump de incorporar Groenlandia a Estados Unidos. El primer ministro groenlandés reiteró que será la isla la que decida su propio futuro.
“Jeff entiende cuán esencial es Groenlandia para nuestra seguridad nacional y promoverá firmemente los intereses de nuestro país para la seguridad y la supervivencia de nuestros aliados y, de hecho, del mundo”, escribió Trump el domingo en un mensaje en Truth Social.
La Casa Blanca no respondió de inmediato a las solicitudes de comentarios.
Landry, quien asumió como gobernador de Luisiana en enero de 2024, agradeció a Trump en X y señaló: “Es un honor servir… en esta posición voluntaria para hacer que Groenlandia sea parte de Estados Unidos. ¡Esto no afecta de ninguna manera mi cargo como gobernador de Luisiana!”.
Tanto Groenlandia como Dinamarca rechazaron de manera constante esa idea.
“Estoy profundamente molesto por este nombramiento de un enviado especial. Y estoy particularmente molesto por sus declaraciones, que consideramos completamente inaceptables”, dijo Løkke Rasmussen a la cadena danesa TV 2.
Más temprano, en una declaración enviada por correo electrónico a Reuters, el canciller afirmó: “Insistimos en que todos —incluido Estados Unidos— deben mostrar respeto por la integridad territorial del Reino de Dinamarca”.
El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, escribió en Facebook: “Nos despertamos nuevamente con un nuevo anuncio del presidente de Estados Unidos. Puede sonar importante, pero no cambia nada para nosotros. Nosotros decidimos nuestro propio futuro”.
Aaja Chemnitz, legisladora groenlandesa en el Parlamento danés, sostuvo que el nombramiento de un enviado estadounidense no es un problema en sí mismo.
“El problema es que se le asignó la tarea de tomar control de Groenlandia o de convertirla en parte de Estados Unidos, y no existe ningún deseo de eso en Groenlandia”, dijo Chemnitz a Reuters.
“Lo que sí existe es el deseo de respetar el futuro que quiere la mayoría en Groenlandia: seguir siendo su propio país y desarrollar su independencia con el tiempo”.
En un intento por reducir las tensiones con la administración Trump durante el último año, Dinamarca —aliado de Estados Unidos en la OTAN— se enfocó en reforzar la defensa de Groenlandia para responder a las críticas estadounidenses sobre una seguridad insuficiente.
Groenlandia, ex colonia danesa y hogar de apenas unos 57.000 habitantes, tiene desde 2009 el derecho a declarar su independencia de Dinamarca.
Su economía depende en gran medida de la pesca y de los subsidios de Copenhague, y la isla se ubica estratégicamente sobre la ruta más corta entre Europa y América del Norte, una posición clave para el sistema de defensa antimisiles balísticos de Estados Unidos.

