WASHINGTON.— La administración Trump despidió a Susan Monarez, directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, apenas semanas después de asumir el cargo, en medio de una crisis interna que también derivó en la renuncia de varios altos funcionarios de la agencia.
La salida de Monarez se produjo tras un enfrentamiento con el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., por diferencias en torno a la política de vacunación, según una fuente con conocimiento del tema citada por Bloomberg.
El lunes, Monarez había informado al personal de los CDC que fue convocada a una reunión en persona con Kennedy en Washington, donde se produjo la disputa.
Ese mismo miércoles, al menos tres altos funcionarios de los CDC comunicaron que dejaban sus cargos: Demetre Daskalakis, director del Centro Nacional de Inmunización y Enfermedades Respiratorias; Deb Houry, directora médica y subdirectora de Programas y Ciencia; y Dan Jernigan, director del Centro Nacional de Enfermedades Infecciosas Emergentes y Zoonóticas.
En un comunicado, un portavoz de la Casa Blanca afirmó que Monarez “no está alineada con la agenda del Presidente de Hacer a América Saludable Otra Vez”. En contraste, sus abogados señalaron que la funcionaria fue “blanco de ataques” porque se negó a respaldar “directivas imprudentes y anticientíficas” y a despedir expertos en salud.
El senador Bernie Sanders, miembro de mayor rango del comité de salud del Senado, pidió una audiencia con Kennedy para abordar la destitución.
Las renuncias ocurren pocas semanas después de que los CDC fueran blanco de un ataque armado en el que murió un policía, un hecho que intensificó las tensiones entre los científicos de carrera de la agencia y Kennedy. Exfuncionarios del HHS publicaron además una carta abierta acusando al secretario de propagar desinformación sobre vacunas, lo que —según ellos— alimentó el clima de violencia.
La salida de Monarez siembra nuevas dudas sobre la integridad científica de la agencia, ya golpeada por despidos masivos a principios de año. En su carta de renuncia, Daskalakis escribió: “Ya no puedo servir en este cargo debido al uso político de la salud pública. Ustedes son el mejor equipo con el que he trabajado, y siguen brillando a pesar de esta sombra que se cierne sobre la agencia y nuestra profesión”.
Choque por el Covid
Ese mismo miércoles se intensificó la polémica por la postura de Kennedy respecto a las vacunas. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aprobó las vacunas contra el Covid solo para personas mayores de 65 años o con condiciones preexistentes, a diferencia de la autorización más amplia del año anterior. El endurecimiento respondió a la exigencia de Kennedy de realizar pruebas adicionales, pero generó críticas de asociaciones médicas, que advirtieron que la medida pone en riesgo a millones de personas.
Otros funcionarios también dejaron sus cargos: Jen Layden, directora de la Oficina de Datos y Vigilancia de Salud Pública, anunció su salida, mientras que Christa Capozzola, directora de operaciones y empleada de larga trayectoria en los CDC, fue reemplazada.
En marzo, Kennedy había asegurado que él mismo “eligió personalmente” a Monarez para el cargo, y el Senado la confirmó en julio, tras el retiro abrupto de la primera opción de Trump por sus posturas controvertidas sobre vacunas. La ley vigente desde la pandemia obliga a que la designación sea ratificada por el Congreso, lo que también significa que su destitución debe contar con aval de la Casa Blanca.
“La salida de Monarez es otra muestra del enfoque caótico de Kennedy sobre la salud pública”, dijo Nirav Shah, exsubdirector de los CDC. “En un momento de crecientes amenazas sanitarias, la agencia necesita liderazgo estable, no más inestabilidad”.
Antes de llegar a los CDC, Monarez fue subdirectora de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Salud (ARPA-H), creada bajo la administración Biden, y trabajó en temas de inteligencia artificial y bioseguridad en distintos cargos gubernamentales, incluido un paso por la Casa Blanca durante el mandato de Obama.
Sus abogados concluyeron: “El ataque contra la doctora Monarez es una advertencia para todos los estadounidenses: nuestros sistemas basados en evidencia están siendo socavados desde dentro. La ciencia y la integridad no pueden ser comprometidas”.

