NUEVA YORK— Una investigación del U.S. Department of Justice sobre la Federal Reserve y la respuesta confrontativa de su presidente, Jerome Powell, elevaron de forma abrupta la tensión en una disputa de larga data que, según inversores, pone abiertamente en juego la independencia del banco central más poderoso del mundo.
En un comunicado de tono inusualmente duro, Powell reveló el domingo una investigación que lo amenaza con una imputación criminal vinculada a un proyecto de renovación edilicia, y sostuvo que se trata de un “pretexto” para ejercer presión política y forzar una baja más rápida de las tasas de interés.
El presidente Donald Trump dijo a NBC que no estaba al tanto de las acciones del Departamento de Justicia, pero renovó sus críticas a Powell, cada vez más frecuentes desde que la Fed optó por recortar tasas a un ritmo más lento del que él pretende.
Para el mercado, la investigación y la reacción del titular de la Fed escalaron un conflicto que amenaza un pilar de la política económica estadounidense y del sistema financiero global. También expone hasta qué punto el intento de la administración Trump por reconfigurar instituciones —desde el ámbito militar hasta el judicial— alcanza ahora a uno de los principales soportes de la fortaleza financiera de EE.UU.
Las primeras reacciones no tardaron: el dólar cedió, aunque de forma moderada, frente a las principales monedas durante la sesión asiática del lunes; el oro marcó un récord histórico; los futuros de Wall Street cayeron y el mercado empezó a asignar una probabilidad algo mayor a recortes de tasas en el corto plazo.
“Powell se apartó de su enfoque previo frente a las amenazas de Trump y decidió abordar directamente el elefante en la sala: que la Fed no está moviendo las tasas como quiere el Presidente”, dijo Damien Boey, gestor de carteras de Wilson Asset Management. “El oro se fortaleció, las acciones tambalearon y la curva de rendimientos se empinó levemente. Es el manual típico cuando se ataca la independencia de la Fed”, agregó.
La capacidad de los bancos centrales para fijar tasas sin interferencia política es considerada un principio clave de la economía moderna. Para los inversores, la confianza en las instituciones estadounidenses forma parte del llamado “privilegio exorbitante” del país como emisor de la moneda de reserva global y receptor de masivos flujos de capital.
Karl Schamotta, estratega jefe de mercado en Corpay, advirtió sobre consecuencias no deseadas: presionar a la Fed con amenazas legales podría elevar las expectativas de inflación, erosionar el rol del dólar como refugio y disparar los rendimientos de largo plazo, encareciendo el crédito en toda la economía. “Echar gasolina por todos lados y luego jugar con fósforos rara vez termina bien”, resumió.
La reacción de Powell también tiene sabor a despedida: su mandato como presidente de la Fed concluye en mayo y Trump ya prometió que su sucesor será “alguien que crea en tasas mucho más bajas”. Aun así, su postura marcará el marco de referencia para cualquier reemplazo.
Richard Yetsenga, economista jefe del grupo ANZ, sostuvo que las tres palancas de la política de la Fed —tasas, balance y regulación bancaria— podrían entrar en revisión. “Es temprano, pero la tendencia es clara: la Fed tecnocrática de las últimas décadas se está desdibujando”, dijo.
En paralelo, inversores que ya evaluaban si están sobreexpuestos a EE.UU. toman nota de nuevos riesgos políticos. “El mercado ha ignorado mucho ruido sobre la Fed, y quizá vuelva a hacerlo, pero en algún punto algo se rompe”, advirtió Christopher Hodge, economista jefe para EE.UU. de Natixis.
Otros relativizan el impacto inmediato. “A los inversores no les gusta, pero muestra que Trump no tiene muchas más palancas”, dijo Andrew Lilley, estratega de tasas de Barrenjoey, al señalar que la tasa seguirá donde quiera la mayoría del Federal Open Market Committee.
Aun así, la duda quedó instalada. “No sé cuán sostenido y agresivo será el ataque a la Fed”, dijo Vishnu Varathan, jefe de research macro para Asia ex-Japón en Mizuho. “Pero la cuestión de la independencia de la Fed está más viva que nunca y probablemente se reevalúe reunión tras reunión.”

