BUENOS AIRES.— La liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo, tras 448 días de desaparición forzada en Venezuela, abrió un capítulo inesperado en la política argentina: la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) salió a adjudicarse un rol central en la negociación y, en ese movimiento, terminó agradeciendo públicamente a Delcy Rodríguez, la figura más poderosa del chavismo tras la caída de Nicolás Maduro.
Con un comunicado titulado “El fútbol como puente”, la AFA que conduce Claudio “Chiqui” Tapia confirmó que puso a disposición un avión para el regreso de Gallo y expresó su “más sincero agradecimiento” a la “Señora Presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, por su sensibilidad y disposición para atender esta situación”. También destacó la intervención de la Federación Venezolana de Fútbol como facilitadora del contacto.
#Institucional El Fútbol, un puente humanitario.
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— AFA (@afa) March 1, 2026
El gesto, que desde la entidad deportiva fue presentado como una acción humanitaria, generó ruido político inmediato. Gallo no estuvo “detenido” en términos formales: fue víctima de desaparición forzada, sin acceso consular ni proceso público, en la cárcel El Rodeo 1.
Su liberación se dio en el marco de una apertura del régimen, luego de la caída de Maduro y de una serie de gestiones internacionales que incluyeron presión diplomática de Estados Unidos, Italia y la ONG Foro Penal.
El Gobierno argentino, a través del canciller Pablo Quirno, confirmó oficialmente la excarcelación y subrayó que se trató de una grave violación a los derechos humanos.
En su comunicado no hubo menciones a la AFA ni a gestiones deportivas, sino a “múltiples gestiones realizadas por países aliados” y al respaldo internacional que permitió quebrar el aislamiento del caso.
En ese contexto, el movimiento de Tapia quedó bajo la lupa. El presidente de la AFA viene atravesando cuestionamientos internos y externos por su conducción, la relación con el poder político y las tensiones alrededor de la organización del fútbol argentino.
Con la foto difundida junto a dirigentes de la entidad y el agradecimiento explícito a Delcy Rodríguez, la intención pareció clara: mostrarse como actor influyente, capaz de tender puentes incluso en escenarios de alta conflictividad.
Sin embargo, el efecto puede ser el inverso. A ojos de buena parte de la opinión pública, elogiar la “sensibilidad” de quien integró el núcleo duro del régimen que mantuvo secuestrado a un ciudadano argentino durante 15 meses no luce como diplomacia deportiva, sino como una validación innecesaria. En lugar de lavar su imagen, Tapia quedó asociado a un agradecimiento político incómodo.
La familia de Gallo celebró la noticia con alivio después de 10.750 horas de incertidumbre. El foco humanitario es indiscutible. Pero en la disputa por el relato, la AFA decidió pararse en el centro de la escena y atribuirse un papel clave.

