EUROPA.— Las olas de calor, las sequías y los incendios forestales que afectaron a Europa durante el verano de 2026 ya provocaron daños económicos por cientos de miles de millones de euros y amenazan con profundizar el impacto sobre el crecimiento, la inflación y las cuentas públicas en los próximos años.
Las temperaturas récord registradas en junio y julio afectaron la generación eléctrica, el transporte fluvial, la agricultura, el turismo y la productividad laboral, mientras que la temporada de incendios se encamina a convertirse en la más grave registrada en Europa.
El bajo nivel de los ríos Rin y Danubio restringió el transporte de mercancías, mientras que más de media docena de reactores nucleares tuvieron que detener o reducir su producción por dificultades para refrigerar sus instalaciones.
ING estima que las restricciones a la navegación en el Rin podrían restar 0,3 puntos porcentuales al PBI de Alemania durante este año. En Hungría, MBH Bank calcula que cada semana de paralización de la principal central nuclear del país podría recortar 0,1 puntos porcentuales del PBI.
El impacto también alcanza a la agricultura. Las estimaciones de producción fueron revisadas a la baja y cultivos de cosecha tardía, como el maíz y el girasol, ya registraban pérdidas de entre 6% y 7% en julio.
Allianz calculó que solamente la ola de calor de dos semanas registrada en junio podría reducir 0,3 puntos porcentuales el PBI europeo. Además, estima que el cambio climático podría recortar entre 5% y 7% el crecimiento hacia 2030 en algunas de las economías más expuestas, como España, Francia e Italia.
El golpe resulta significativo para una zona euro que este año crecería apenas alrededor del 1%.
Los economistas también advierten sobre efectos en la inflación. Las temperaturas extremas reducen la producción agrícola y presionan los precios de los alimentos, especialmente en el sur de Europa. Un estudio citado por Reuters estimó que el calor extremo de 2022 agregó 0,34 puntos porcentuales a la inflación de la zona euro a través del encarecimiento de los alimentos.
El turismo también podría sufrir cambios estructurales. Los períodos de temperaturas cercanas a los 45 grados podrían reducir los viajes durante el verano hacia países como España e Italia y desplazar parte de la demanda hacia destinos del norte europeo o hacia otras épocas del año.
El deterioro climático también amenaza las cuentas públicas. Allianz estima que la pérdida de actividad podría reducir los ingresos fiscales anuales hasta 1,8% en Francia y 1,3% en Italia y España, al mismo tiempo que los gobiernos enfrentan mayores gastos para combatir incendios, adaptar infraestructuras y reforzar los sistemas energéticos.
El aumento de las necesidades de financiamiento podría terminar ejerciendo presión sobre el Banco Central Europeo. Economistas advierten que, con niveles de deuda ya elevados y mayores gastos en defensa y transición energética, nuevos episodios climáticos extremos podrían aumentar el endeudamiento y generar tensiones en los mercados de bonos.
En ese escenario, una venta abrupta de deuda soberana podría volver a colocar al BCE ante la presión de intervenir para contener los costos de financiamiento de los países más afectados.

