TOKIO.— El yen se convirtió en agosto en la moneda con peor desempeño entre las principales divisas del G-10, mientras comienza a diluirse el efecto de la histórica intervención coordinada de Japón y Estados Unidos en el mercado cambiario.
La moneda japonesa acumula una caída cercana al 0,5% frente al dólar en lo que va del mes, después de haberse apreciado un 3,2% durante julio. El viernes registró una recuperación momentánea tras conocerse un informe de empleo estadounidense más débil de lo esperado, pero poco después retomó la tendencia bajista.
Los operadores permanecen atentos a la posibilidad de una nueva intervención oficial. El feriado del martes en Japón podría reducir la liquidez del mercado y aumentar la volatilidad, un escenario que podría facilitar una nueva actuación de las autoridades.
«Japón estará en el período festivo de Obon, lo que podría limitar la participación en el mercado, mientras que el calendario de acontecimientos domésticos es relativamente liviano», señalaron estrategas de Nomura Securities, entre ellos Yujiro Goto. «La atención seguirá puesta en la postura de las autoridades japonesas y estadounidenses respecto de la intervención».
Japón y Estados Unidos realizaron recientemente su primera intervención coordinada para comprar yenes desde 1998, después de que la moneda japonesa cayera hasta cerca de 164 unidades por dólar, su nivel más bajo en cuatro décadas.
La operación consiguió llevar inicialmente al yen hasta alrededor de 155 por dólar. Sin embargo, una parte importante de esa apreciación se revirtió y la moneda volvió a negociarse por encima de 158 unidades por dólar.
El movimiento pone en evidencia las limitaciones de las intervenciones cambiarias cuando los factores fundamentales que presionan sobre una moneda permanecen intactos.
Entre ellos aparecen la amplia diferencia entre las tasas de interés de Estados Unidos y Japón, las preocupaciones sobre la situación fiscal japonesa y la incertidumbre geopolítica. Las expectativas de un mayor gasto público en Japón también presionan sobre la moneda.
«Creemos que la reacción relativamente moderada a la intervención refleja las razones fundamentales detrás de la debilidad de la moneda», señalaron estrategas de Goldman Sachs encabezados por Kamakshya Trivedi.
El banco espera que «las presiones de depreciación reaparezcan con el tiempo en ausencia de un cambio en las condiciones globales o de una sorpresa de política económica».
En paralelo, el Banco de Japón advirtió sobre crecientes riesgos de una aceleración de la inflación. En el resumen de opiniones de su reunión de julio, uno de los integrantes del directorio incluso planteó la posibilidad de acelerar el ritmo de subas de las tasas de interés.
Los swaps de índices a un día muestran que el mercado asigna alrededor de un 66% de probabilidad a una suba de tasas para septiembre, mientras que un movimiento en octubre se encuentra prácticamente descontado.
Las dimensiones de las últimas intervenciones también fueron significativas. Según un análisis de Bloomberg basado en las cuentas del banco central, las autoridades habrían utilizado alrededor de u$s 34.000 millones para sostener al yen el 31 de julio.
La intervención habría llegado después de otros u$s 53.000 millones utilizados el día anterior. De confirmarse esa cifra, se trataría de la mayor intervención cambiaria realizada en una sola jornada.
Pese a ese esfuerzo, el yen volvió a debilitarse, dejando nuevamente al mercado pendiente de si Tokio y Washington decidirán intervenir otra vez para evitar una nueva caída de la moneda japonesa.

