BOGOTÁ.- La fuerte depreciación del dólar frente a las monedas latinoamericanas comenzó a generar un efecto adverso para los principales sectores exportadores de la región. Productores de café, bananas, flores y alimentos procesados enfrentan una caída en sus ingresos medidos en moneda local, pese a que los precios internacionales de muchos de esos productos permanecen elevados.
Desde comienzos de 2025, una canasta de monedas latinoamericanas se apreció, en promedio, un 19% frente al dólar, un desempeño que supera al registrado por la mayoría de los mercados emergentes.
El fenómeno responde, en parte, al debilitamiento del dólar durante los primeros meses del segundo mandato de Donald Trump, cuando crecieron las dudas de los inversores sobre la política comercial estadounidense y aumentó el flujo de capitales hacia otras regiones.
La apreciación cambiaria también refleja la mejora macroeconómica de varios países latinoamericanos, que durante los últimos años mantuvieron tasas de interés entre las más elevadas del mundo para contener la inflación y atraer inversiones.
Sin embargo, el fortalecimiento de las monedas comenzó a erosionar la competitividad de los sectores exportadores.
En Colombia, donde el peso se apreció 17% frente al dólar hasta mediados de julio y alcanzó su nivel más alto en siete años, los productores de café aseguran que el tipo de cambio se convirtió en una amenaza mayor que la sequía o la volatilidad de los precios internacionales.
Aunque el café continúa cotizando en niveles elevados, cada dólar obtenido por las exportaciones se convierte en una menor cantidad de pesos colombianos, reduciendo el margen para afrontar salarios, fertilizantes e inversiones.
Algunos productores estiman que sus ingresos disminuyeron hasta un 40% respecto del año pasado únicamente por el efecto cambiario.
El impacto también alcanza a la industria florícola colombiana, otro de los principales complejos exportadores del país.
En Costa Rica, la apreciación del colón llevó a la multinacional Del Monte a cerrar cuatro plantaciones de bananas, una decisión que implicó el despido de 850 trabajadores. La empresa atribuyó la medida al aumento de los costos de producción y al fortalecimiento de la moneda local, que redujo la rentabilidad de las exportaciones.
La presión también se extiende a Paraguay.
CMA Paraguay, fabricante de papas fritas que destina cerca del 90% de su producción a mercados externos, incorporó la evolución del tipo de cambio como uno de los principales temas de discusión en las reuniones de directorio.
La empresa produce unas 230 toneladas mensuales y considera que la fortaleza del guaraní dejó de ser un fenómeno transitorio, por lo que ahora evalúa ajustar su estructura de costos para sostener la competitividad.
Los analistas consideran que la apreciación de las monedas latinoamericanas responde tanto a la debilidad global del dólar como al renovado interés de los inversores por la región.
Durante años, el auge de Wall Street y el boom de la inteligencia artificial concentraron gran parte de los flujos de inversión, dejando rezagados a los activos latinoamericanos.
Ahora, la combinación de altas tasas de interés, mejoras fiscales y reformas estructurales volvió a atraer capitales hacia la región.
Según estrategas de Morgan Stanley, Standard Chartered y Société Générale, las monedas latinoamericanas podrían mantener su fortaleza en el mediano plazo, incluso si el dólar recupera parte del terreno perdido.
La región también se beneficia de un contexto internacional favorable para los exportadores de energía y de una menor exposición a los principales focos geopolíticos que afectan a otras economías emergentes.
No todos los sectores resultan perjudicados.
En Brasil, la apreciación del real redujo el costo de los viajes al exterior y favoreció el turismo emisivo. En Argentina, el fortalecimiento del peso en términos reales también impulsó el gasto de los residentes en viajes internacionales tras las reformas económicas implementadas por el presidente Javier Milei.
Sin embargo, para buena parte del sector exportador latinoamericano, el nuevo escenario cambiario representa un desafío creciente: un dólar más débil mejora el poder adquisitivo interno, pero reduce la competitividad de las empresas que venden al exterior y reciben sus ingresos en la moneda estadounidense.

