MUNDO.— Desde las playas de Copacabana en Brasil hasta los bares iluminados de Shanghái, el mayor productor mundial de cerveza, AB InBev, necesita convencer a los consumidores de que pidan más Budweiser y Corona.
Las acciones de la compañía se desplomaron un 11,5% el jueves, su mayor caída diaria desde 2020, después de que los volúmenes del segundo trimestre no alcanzaran las expectativas, afectados por fuertes retrocesos en Brasil —un mercado clave— y en China, la segunda mayor economía del mundo.
Su competidor Heineken también sufrió en los mercados: sus acciones cayeron más de 8% el lunes pasado tras advertir que los volúmenes serán más débiles de lo previsto durante el resto del año. La cervecera optó por no elevar su guía de ganancias anuales, aludiendo a la volatilidad, incluida la derivada de los nuevos aranceles comerciales de Estados Unidos.
En medio de los desafíos más amplios que enfrenta el sector del alcohol, la preocupación por el crecimiento y el volumen en los dos principales productores mundiales opacó otros aspectos positivos de sus balances, como la generación sólida de utilidades, según señalaron inversores y analistas.
“El volumen no estuvo donde nos hubiera gustado”, admitió el CEO de AB InBev, Michel Doukeris, en una llamada con inversores el jueves, aunque destacó que otras métricas como los ingresos y las ganancias estaban mostrando un crecimiento constante.
Doukeris atribuyó la caída en Brasil a condiciones climáticas adversas y afirmó que la empresa se está preparando para crecer en la segunda mitad del año.
En China, donde el portafolio de cervezas premium de AB InBev ha perdido terreno frente a sus competidores, la compañía planea apuntar a un crecimiento en el consumo hogareño, en lugar de concentrarse en bares y restaurantes.
El consumo en locales —hasta ahora, el foco de la estrategia de AB InBev en China— se ha visto afectado por la debilidad económica y por nuevas reglas del gobierno que prohíben a los funcionarios públicos cenar en grandes grupos.
Pero estos esfuerzos no lograron frenar la pérdida de confianza de los inversores ante la falta de crecimiento en volumen, un pilar esencial en la tesis de inversión de las cerveceras y un objetivo que ha sido difícil de cumplir en los últimos años.
Las compañías esperaban recuperar volúmenes en 2024, luego de que las subas de precios provocaran caídas prolongadas en las ventas. Sin embargo, sus planes se vieron frustrados por el mal tiempo y la inflación. Ahora, el riesgo de estancamiento vuelve a asomar para 2025, con las tarifas comerciales impulsadas por Donald Trump en el centro de la escena.
Siphelele Mdudu, analista de inversiones en Matrix Fund Managers —gestora que invierte en acciones de cerveceras—, sostuvo que no alcanza con crecer únicamente a través de aumentos de precios.
“Tarde o temprano vas a empujar a tus consumidores hacia productos alternativos”, advirtió, y recordó que la cerveza es, en esencia, “un juego de volumen”.
Mdudu y Daniel Isaacs, analista de renta variable en 36ONE —accionista de AB InBev—, señalaron que uno de los factores clave detrás de la caída en Brasil fue la política de precios: AB InBev subió precios antes que Heineken, que capitalizó esa diferencia a su favor.
Doukeris aseguró que el mercado ya está comenzando a adaptarse a los cambios de precios.
Heineken también enfrentó dificultades en Europa, producto de negociaciones tensas y prolongadas con los minoristas. Además, advirtió que la incertidumbre arancelaria está afectando el ánimo de los consumidores en América, lo que podría impactar el crecimiento del volumen.
Trevor Stirling, analista de Bernstein, remarcó que las cerveceras aún muestran buen desempeño en ciertos mercados donde los aranceles de EE. UU. representan una amenaza importante, como México.
Pero si las compañías quieren evitar nuevas reacciones negativas en sus acciones, deberán encontrar formas de tranquilizar a unos inversores cada vez más nerviosos por la falta de crecimiento sostenido.
“Cuando hay ansiedad sobre la solidez de la historia de crecimiento en volumen, la reacción suele ser desproporcionada”, concluyó Stirling.

