WASHINGTON.— El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que la administración de Donald Trump está preparada para utilizar la fuerza para asegurar que la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, coopere con Estados Unidos, aunque confió en que el interés propio de Caracas sea suficiente para avanzar en los principales objetivos estadounidenses.
Según dijo Rubio en declaraciones preparadas para una audiencia con legisladores este miércoles, Rodríguez se comprometió a abrir el sector energético venezolano a empresas de Estados Unidos, otorgar acceso preferencial a la producción de petróleo y utilizar los ingresos de las ventas de crudo para comprar bienes estadounidenses.
La audiencia marca la primera aparición pública de Rubio ante el Congreso desde la operación estadounidense que derivó en la captura de su antecesor, Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero.
“Estamos preparados para usar la fuerza para garantizar la máxima cooperación si otros métodos fracasan”, señaló Rubio en su declaración ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado. “Nuestra esperanza es que no sea necesario”.
Maduro había sido imputado por el Departamento de Justicia de EE.UU. por cargos que incluían narcoterrorismo, y Rubio elogió la operación como una acción de aplicación de la ley realizada sin bajas entre las fuerzas estadounidenses. Maduro, actualmente detenido en una cárcel de Nueva York, se declaró no culpable.
Desde el Partido Demócrata calificaron el operativo como un acto de guerra ilegal que eludió al Congreso y que ahora podría arrastrar a Estados Unidos a un compromiso prolongado para reconstruir Venezuela.
La senadora Jeanne Shaheen, de New Hampshire y principal demócrata del comité, criticó a la administración Trump por mantener a Rodríguez en el poder. Señaló que pasó más de siete años como vicepresidenta de Maduro y que no ha avanzado en reducir la influencia de Irán, China o Rusia.
“Su cooperación parece táctica y temporal, no un cambio real en la alineación de Venezuela”, afirmó Shaheen en sus comentarios preparados. “En el proceso, hemos cambiado a un dictador por otro”.
El presidente Donald Trump desplegó una flota de buques militares en el mar Caribe durante la segunda mitad del año pasado y ordenó la destrucción de embarcaciones presuntamente vinculadas a carteles del narcotráfico. Desde mediados de diciembre, centró su atención en la industria petrolera venezolana, acusando al gobierno socialista de apropiarse de activos estadounidenses y promoviendo un acuerdo pos-Maduro para enviar hasta 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos.
Estados Unidos también interceptó al menos siete petroleros utilizados para exportar crudo venezolano, profundizando la ofensiva contra una flota “en la sombra” empleada para transportar petróleo bajo sanciones.
Rodríguez afirmó a comienzos de esta semana que Venezuela “ya tuvo suficiente” de la interferencia estadounidense, mientras el gobierno enfrenta un creciente descontento de sindicatos del sector público y partidos de izquierda por los planes de reforma de la industria petrolera.
Horas después de la captura de Maduro, Trump anunció que Estados Unidos planeaba trabajar con Rodríguez —quien fue vicepresidenta del líder depuesto durante más de siete años— en lugar de la dirigente opositora María Corina Machado. Rubio tiene previsto reunirse con Machado en el Departamento de Estado más tarde este miércoles, tras la audiencia en el Senado.
El senador republicano James Risch, de Idaho y presidente del comité, sostuvo en sus declaraciones preparadas que la captura de Maduro hizo a Estados Unidos más seguro y que ordenar la misión fue coherente con la autoridad constitucional de Trump.
“Con Nicolás Maduro fuera del poder, Estados Unidos tiene la oportunidad de proteger mejor al país llevando estabilidad a Venezuela”, afirmó Risch.

