KIEV.— Al calor de la guerra en Ucrania y con un escenario geopolítico alterado por el giro aislacionista de Donald Trump, la industria europea de defensa vive un inesperado auge en su capacidad para atraer talento tecnológico. Ingenieros de inteligencia artificial (IA) que antes habrían optado por trabajar en Silicon Valley hoy miran hacia startups de defensa en París, Berlín o Atenas. Algunos incluso están regresando desde el extranjero.
El cambio de paradigma combina motivaciones económicas con un renovado sentido de misión. Por un lado, los gobiernos europeos están incrementando agresivamente sus presupuestos militares. Por otro, el conflicto en Ucrania y la inestabilidad en las alianzas occidentales han despertado en muchos jóvenes una vocación patriótica: quieren usar sus habilidades para “proteger las democracias europeas”.
“Hay personas realmente enfocadas en la misión, que buscan tener un impacto real en lugar de solo ganar un buen salario”, explica Loïc Mougeolle, CEO de Comand AI, una startup parisina especializada en aplicaciones militares de inteligencia artificial. “Quieren reconstruir Europa y cambiar el rumbo de su historia”.
A pesar de los dilemas éticos persistentes sobre el uso de IA en contextos bélicos, el sector atrae cada vez más inversión. Comand AI recaudó 10 millones de dólares en diciembre, mientras que Alpine Eagle, una firma alemana centrada en defensa contra drones autónomos, obtuvo 10 millones de euros en marzo. Ambas han reclutado talento de empresas como OpenAI y Palantir.
En medio de una feroz competencia global por expertos en IA, firmas como Comand AI, Alpine Eagle y Helsing —el único «unicornio» de defensa europeo, con una valoración superior a 1.000 millones de dólares— también incorporan jóvenes graduados. Aunque los sueldos en Europa son menores que en EE. UU. (Helsing paga hasta 150.000 dólares anuales, frente a los 270.000 de Palantir o los 380.000 de Google), la motivación personal y el propósito parecen pesar más para muchos.
“El estigma en torno a trabajar en defensa está desapareciendo, sobre todo tras la invasión rusa”, señala Stelios Koroneos, fundador de la startup griega Variene.ai. “Los jóvenes entienden que la libertad no es gratis. Algunos la defienden con armas, otros con conocimiento”.
El auge de startups de defensa es visible. Tras la invasión de Ucrania en 2022, el capital de riesgo invertido en el sector en Europa pasó de 62 millones de dólares ese año a 626 millones en 2024, según PitchBook. Y la tendencia promete seguir: la Unión Europea apunta a movilizar 800.000 millones de euros para reforzar su capacidad militar.
El crecimiento también se refleja en datos de talento. Según Zeki, una firma de análisis de IA, el número de ingenieros de alto nivel en defensa en Europa pasó de 144 en 2014 a 1.700 en 2024. En EE. UU., crecieron de 487 a 6.927 en ese mismo período. La definición de “alto nivel” se basa en publicaciones de investigación pioneras.
La coyuntura política en EE. UU., marcada por recortes a la ciencia durante el gobierno de Trump, también ha llevado a muchos investigadores europeos a volver al continente. “Muchos de los mejores investigadores en IA del mundo son europeos”, afirma Jeannette zu Fürstenberg, directora en la firma General Catalyst. “Algunos se fueron, pero muchos están regresando para trabajar por la soberanía y resiliencia de Europa”.
Benjamin Wolba, cofundador del European Defense Tech Hub, una red que conecta startups, inversores y gobiernos, cuenta que en los últimos meses se han creado más de una docena de empresas de defensa a partir de hackathons organizados en ciudades como Múnich, París y Copenhague. “Cada vez más graduados en IA están abiertos a trabajar en defensa”, asegura.
Ese es el caso de Michael Rowley, un estudiante británico de 20 años que rechazó trabajos tradicionales para unirse a una firma que desarrolla sensores para rastrear tropas. “En muchas tecnológicas escribiría código para publicidad. En cambio, aquí puedo ayudar a proteger la democracia. No muchos tienen esa oportunidad”.
Marie Inuzuka, exOpenAI y Palantir, se unió a Comand AI como jefa de producto. Tiene 34 años y es descendiente de sobrevivientes del bombardeo atómico en Nagasaki. “La defensa siempre ha estado cerca de mi corazón”, dice. Hoy busca que su trabajo en IA tenga impacto real: más misión que dinero.

