WASHINGTON.— La promesa del senador Lindsey Graham de avanzar con un proyecto de ley que impone nuevas sanciones a Rusia pondrá a prueba si el presidente Donald Trump finalmente está dispuesto a castigar a Vladímir Putin por retrasar un alto el fuego con Ucrania.
Durante una visita a Kyiv este viernes, Graham dejó entrever que está cansado de esperar a que Trump actúe, y dijo que cree que el Senado “comenzará a moverse” con el proyecto la próxima semana. Su propuesta aumentaría significativamente las ya severas sanciones contra Rusia, incluyendo la imposición de un arancel del 500% sobre las importaciones procedentes de países que compren productos petroleros y uranio rusos.
“Creo que cuando el Senado empiece a avanzar, escucharán más del presidente Trump”, dijo Graham, senador republicano de Carolina del Sur. “Creo que ha llegado a un punto en el que busca una acción concreta por parte de Rusia”.
Al menos 81 senadores ya han respaldado este proyecto bipartidista, y el senador Richard Blumenthal, demócrata de Connecticut, señaló que cree que la postura de Trump está “evolucionando”. Consultado hace dos días sobre si Putin está interesado en la paz, Trump respondió: “Lo sabrán en unas dos semanas”.
“No estamos esperando a ver qué hará Putin, estamos avanzando en el Congreso”, declaró Blumenthal a periodistas en una plaza pública de Kyiv junto a Graham.
La gran incógnita —como ha sido durante meses— es si Trump finalmente tomará acción. El presidente ha oscilado entre imponer sanciones o no, y el proyecto de Graham podría provocar un terremoto en los mercados petroleros. Casi con certeza tendría un fuerte impacto económico en países como India, China y la Unión Europea, todos ellos inmersos en negociaciones comerciales separadas con Estados Unidos.
Hasta ahora, Trump ha tratado de utilizar el proyecto de sanciones del Congreso como una herramienta para presionar a Putin a negociar. El presidente se ha presentado como quien frena a otros de imponer medidas para mantener su rol neutral en las conversaciones.
La dureza del proyecto “lo convierte tanto en un instrumento de castigo por el mal comportamiento de Rusia como en un incentivo. Busca apoyar a Ucrania, presionar a Rusia y dar a Trump poder de negociación”, explicó Jordan Tama, profesor de la American University y experto en política exterior y seguridad global.
Una decisión de avanzar con el proyecto —que Trump tendría que firmar— podría ser una señal de que su control sobre la política hacia Rusia se está debilitando frente a la oposición tanto de republicanos como de demócratas, quienes consideran que está siendo demasiado blando con el líder ruso.
Sin embargo, Graham, un aliado de larga data de Trump, no querría promover una ley “que entre en conflicto con lo que Trump está tratando de hacer”, agregó Tama.
Graham y Blumenthal también deberán superar el escepticismo dentro del gobierno sobre si más sanciones lograrían el objetivo deseado, especialmente después de que la administración de Joe Biden, junto con sus aliados europeos, impusieran una serie de medidas que no han logrado poner fin a la guerra.
En una audiencia del Senado la semana pasada, el secretario de Estado Marco Rubio dijo a los legisladores que Trump cree que Moscú se retiraría de las negociaciones si EE. UU. amenaza con más sanciones.
La Casa Blanca no respondió a una solicitud de comentarios. En una rueda de prensa este viernes, Trump reiteró su descontento por la continuidad de los combates en Ucrania, pero evitó hablar de sanciones.
Moscú anunció que enviará una delegación a Estambul el lunes para una segunda ronda de negociaciones de paz. Sin embargo, Ucrania dijo que no asistirá hasta recibir detalles concretos sobre la propuesta de alto el fuego de Rusia.
Ese ida y vuelta ha paralizado el avance del proyecto en Washington, ya que varios senadores republicanos han preferido esperar una señal de Trump antes de seguir adelante. Si el proyecto se aprueba en su forma actual, le dará poco margen a Trump para frenarlo.
“Permite al presidente levantar las sanciones tras certificar al Congreso que la actividad cesó; es una forma de aumentar la presión y asegurar que Putin cumpla su parte del acuerdo, otorga poder al Congreso”, explicó Kimberly Donovan, directora del área de política económica en el Atlantic Council, un centro de estudios en Washington.
Esa cláusula haría más difícil revertir las sanciones si Putin se niega a negociar un acuerdo de paz, viola el acuerdo o “inicia otra invasión militar a Ucrania”, según establece el proyecto.
Si Trump sigue demorando el proyecto, corre el riesgo de que la amenaza pierda toda credibilidad, advirtió un alto funcionario europeo bajo condición de anonimato. Según esa fuente, en Europa han empezado a depositar sus esperanzas en los líderes del Congreso para forzar la aprobación de las medidas, al concluir que Trump probablemente no dará el primer paso.
Blumenthal y Graham viajaban a Francia y Alemania tras su visita a Ucrania. Su intención es instar a los aliados europeos a tomar medidas propias —como aumentar la producción de petróleo y reducir los topes de precios— antes de regresar a Washington y reunir apoyo para su proyecto.
“Podría terminar en su escritorio y no firmarlo, también podría terminar en su escritorio y sí firmarlo”, dijo Tama. “Pagará un costo político si un proyecto ‘duro contra Rusia’ se aprueba con apoyo casi unánime del Congreso y él decide no firmarlo”.

