WASHINGTON.— El cierre del gobierno estadounidense, que interrumpió el flujo oficial de datos, podría comenzar a nublar la visión de los responsables de política económica en Japón y otros países, donde el seguimiento de la economía más grande del mundo resulta clave para calibrar sus propias monedas, el comercio y la inflación.
En otras palabras, lo que pasa en Estados Unidos no se queda en Estados Unidos. Funcionarios globales advierten que quedar “a ciegas” por la falta de datos podría complicar sus decisiones y aumentar el riesgo de errores justo cuando las economías intentan adaptarse a los intentos de la administración Trump de redefinir el comercio global.
“Es un problema serio. Esperamos que se solucione pronto”, dijo el gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, en una conferencia de prensa el 3 de octubre, al hablar sobre los desafíos para decidir cuándo reanudar las subas de tasas.
Un funcionario japonés fue más directo: “Es una broma. (El presidente de la Reserva Federal, Jerome) Powell repite que la política de la Fed depende de los datos, pero no hay datos de los cuales depender”, afirmó bajo condición de anonimato.
Catherine Mann, integrante del Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra, señaló que las dudas sobre los datos de EE. UU., la controversia por la independencia de la Fed y otros temas no inciden tanto en el debate del banco central británico como los cambios en política comercial, que impactan directamente sobre los precios y las exportaciones.
Sin embargo, recordó cómo la libra esterlina perdió gradualmente su rol central en el mundo, un proceso de décadas causado por múltiples “termitas” que debilitaron su estatus.
Cambios políticos que deterioren la posición del dólar o erosionen la independencia de la Fed “son cosas que tenemos en mente, aunque no al frente de la discusión”, dijo Mann. “Pero son esas termitas, más que una amenaza inmediata”.
Esta semana, líderes financieros y económicos de todo el mundo se reúnen en Washington para los encuentros del Banco Mundial y el FMI. En un contexto marcado por la guerra en Europa, la tensión en Medio Oriente y desafíos como el cambio climático, gran parte de la atención se centrará en los planes del presidente Donald Trump, su desempeño hasta ahora y, ahora, en la abrupta interrupción del flujo de información oficial sobre una economía de 30 billones de dólares que representa una cuarta parte del PBI mundial.
El cierre podría terminar en cualquier momento y restablecerse el flujo de datos, pero el episodio refleja un problema más profundo sobre la gobernanza y la confiabilidad estadística de EE. UU., incluidos los intentos de Trump por ganar influencia sobre la Fed y su despido del director de la Oficina de Estadísticas Laborales, molesto por un informe de empleo que el FMI citó entre los “riesgos a la baja” para la economía global.
“La intensificación de la presión política sobre las instituciones de política económica… podría socavar la confianza pública en su capacidad para cumplir con su mandato”, señaló el World Economic Outlook del FMI publicado el martes. “Las presiones sobre las instituciones encargadas de recopilar y difundir datos también podrían erosionar la confianza de los mercados y del público en las estadísticas oficiales, complicando gravemente el trabajo de los bancos centrales… y aumentando el riesgo de errores si la interferencia política compromete la calidad, confiabilidad y oportunidad de los datos”.
“El riesgo de error aumenta”
No es que toda la información haya desaparecido. La Reserva Federal, que se autofinancia y no está afectada por el cierre, continúa recabando información a través de su extensa red de contactos. Además, los servicios privados de datos ofrecen alternativas que los responsables de política han aprendido a usar como sustitutos aceptables, aunque imperfectos, para el análisis a corto plazo.
“El flujo de datos mensuales de EE. UU. se comenta mucho, pero rara vez es un factor decisivo para otros bancos centrales”, explicó Adam Posen, presidente del Instituto Peterson y exfuncionario del Banco de Inglaterra.
Sin embargo, Posen advirtió que el cierre y el conflicto en torno a la oficina estadística “alimentan el escepticismo general sobre la gobernanza y la fiabilidad de EE. UU.”. Eso, agregó, “eventualmente influye en las decisiones sobre reservas, en la gestión de divisas y en la percepción de volatilidad del dólar”.
Si las reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial estuvieron dominadas por la incertidumbre sobre los aranceles y el proteccionismo de Trump, ahora la atención se centra en cómo empresas, países y consumidores se adaptan a este nuevo escenario.
La respuesta corta: no tan mal como se temía cuando Trump asumió, al menos hasta septiembre, aunque el ajuste continúa. Según la última actualización del FMI, las políticas cambiantes tuvieron “un impacto significativo, aunque no masivo” sobre la economía global. Tras haber recortado su previsión de crecimiento mundial medio punto en abril, a 2,8 %, el organismo revisó ahora al alza su proyección a 3,2 %.
Pero con una interrupción de datos que cubre cerca de una cuarta parte de la producción global, la visibilidad se reducirá cuanto más se prolongue el cierre.
“Todavía hay mucha información disponible, y los responsables de política están haciendo grandes esfuerzos por recopilar datos micro y evidencia anecdótica”, dijo Robert Kahn, director de macro global en Eurasia Group. “Pero cómo integrarla y, sobre todo, cómo reaccionarán los mercados ante esas noticias, son grandes incógnitas. Con el tiempo, el riesgo de error crece a medida que las incertidumbres se acumulan.”

