WASHINGTON.— El multimillonario proyecto de ley impositiva impulsado por Donald Trump enfrenta resistencia dentro de su propio partido en la Cámara de Representantes, donde legisladores republicanos moderados y ultraconservadores amenazan con desobedecer al presidente y poner en riesgo su agenda interna.
Los legisladores regresan a Washington esta semana tras el receso por el feriado para votar el miércoles la versión del Senado del proyecto, que fue aprobada por un estrecho margen gracias al voto de desempate del vicepresidente JD Vance.
La Cámara ya había aprobado su propia versión de la iniciativa en mayo, por apenas un voto de diferencia. Pero varios republicanos que fueron presionados para apoyarla ahora prometen rechazar la versión del Senado, lo que pone en peligro el plazo autoimpuesto por Trump de sancionar la ley antes del 4 de julio.
El presidente de la Cámara, Mike Johnson, solo puede permitirse perder tres votos republicanos si todos los miembros están presentes y los demócratas se oponen en bloque. Los representantes Warren Davidson y Thomas Massie, que votaron en contra en mayo, siguen firmes en su negativa.
Aun así, el número dos de Johnson, Steve Scalise, se mostró optimista el martes: “Vamos a lograrlo mañana”, dijo a los periodistas.
Sin embargo, el representante Chip Roy —un conservador radical que inicialmente rechazó el costo de la propuesta de la Cámara, pero que luego la apoyó— señaló que “un número significativo” de legisladores están preocupados por la versión del Senado. “Tengo serias objeciones y no estoy muy inclinado a apoyar”, expresó el republicano de Texas.
Los disidentes republicanos exigen cambios importantes —y a veces contradictorios— a la versión del Senado: algunos cuestionan la magnitud de los recortes a Medicaid, mientras que otros reclaman reducciones de gasto aún más profundas. A pesar de eso, el presidente del Comité de Medios y Arbitrios, Jason Smith, afirmó el martes que confía en que el proyecto será aprobado.
Trump, el principal impulsor del plan, ya volvió su atención a la Cámara y aumentó la presión pública sobre los republicanos para que lo respalden. “Podemos tener todo esto ahora mismo, pero solo si los republicanos de la Cámara se UNEN y dejan de lado a sus ocasionales ‘BUSCAPLEITOS’ (¡ustedes saben quiénes son!)”, publicó el martes.
Ultraderecha
Varios miembros ultraconservadores del House Freedom Caucus se encuentran entre los principales opositores. Han prometido rechazar el proyecto debido al aumento del déficit proyectado por el Comité Conjunto de Tributación.
Andy Ogles, miembro del Freedom Caucus, calificó la versión actual como “una decepción” que “desmantela disposiciones clave de Trump” para cumplir con las estrictas normas del Senado. Algunos apartados del proyecto original de la Cámara fueron eliminados en el Senado por un procedimiento acelerado que permitió su aprobación con mayoría simple.
Ogles presentó una enmienda para reemplazar completamente el texto del Senado por la versión aprobada por la Cámara en mayo. Sin embargo, cualquier modificación obligaría a reconciliar el texto con el Senado, un proceso que podría extenderse durante semanas debido a los estrechos márgenes de votación.
El representante Ralph Norman adelantó que votará en contra y dijo que será “una lucha cuesta arriba” si el proyecto del Senado llega al recinto. Por su parte, la representante Victoria Spartz —conocida por sus cambios de postura frecuentes— llegó a decir que la Cámara deberá “tomar una decisión” si Johnson lleva el proyecto al pleno, lo que sugiere que incluso su liderazgo podría estar en juego.
Moderados
El Senado ya había negociado con la Cámara uno de los puntos más conflictivos para los republicanos de distritos clave: el tope a las deducciones por impuestos estatales y locales (SALT, por sus siglas en inglés).
La versión del Senado eleva ese tope a USD 40.000 anuales por un período de cinco años, tras el cual volvería al límite actual de USD 10.000. El proyecto de la Cámara era más generoso ante la presión de legisladores de Nueva York, California y Nueva Jersey.
Aunque la mayoría del llamado SALT caucus apoyó finalmente el acuerdo como el mejor compromiso posible, el representante Nick LaLota (Nueva York) afirmó que no es suficiente y que votará en contra.
Los moderados también critican los recortes más profundos a Medicaid incluidos en el proyecto del Senado.
“No apoyaré un proyecto final que elimine fuentes de financiamiento vitales para nuestros hospitales, como los impuestos a proveedores y los pagos dirigidos por los estados, ni ninguna disposición que castigue a los estados que expandieron Medicaid”, escribió el representante David Valadao en X el viernes.
Valadao lideró a un grupo de 16 republicanos que se comprometieron a no respaldar el proyecto si el Senado reducía el impuesto a los proveedores de servicios médicos por debajo del actual congelamiento del 6%.
Los estados suelen utilizar ese impuesto, dentro de ciertos límites, para cubrir su parte de financiamiento de Medicaid y así recibir más dinero federal para pagar a prestadores y expandir la cobertura.
El Senado incluyó una reducción gradual del impuesto hasta un 3,5%, lo que desató un debate interno sobre el impacto que tendría en los hospitales rurales. Tras las objeciones de las senadoras Lisa Murkowski, Susan Collins y Josh Hawley, se incorporó un fondo de USD 50.000 millones para hospitales rurales. No está claro si eso bastará para convencer a los escépticos de la Cámara, algunos de los cuales representan distritos urbanos.
Murkowski, quien se mantuvo indecisa hasta último momento pero luego votó a favor, dijo tras la votación que espera que la Cámara introduzca cambios adicionales.
“La Cámara va a mirar esto y reconocer que todavía no hemos terminado”, dijo tras horas de negociaciones con el líder de la mayoría del Senado, John Thune, y el whip John Barrasso. “Me gustaría ver un resultado mejor para la gente de este país”.

