JERUSALÉM.— Israel lanzó el domingo una nueva ola de bombardeos sobre Teherán y aseguró que busca dominar el espacio aéreo tras haber matado al líder supremo de Irán, dejando a la República Islámica intentando recomponer su liderazgo en la mayor prueba que enfrenta en cinco décadas.
Los ataques de Estados Unidos e Israel —y la represalia iraní— sacudieron sectores que van desde el transporte marítimo y la aviación hasta el petróleo, en medio de advertencias sobre un aumento de los costos energéticos y disrupciones en el comercio a través de la estratégica vía marítima, uno de los principales nodos del comercio global.
En una señal de la creciente escalada, el servicio de ambulancias de Israel informó que ocho personas murieron por el impacto de un misil en la ciudad de Beit Shemesh; Emiratos Árabes Unidos indicó que ataques iraníes dejaron tres muertos; y Kuwait reportó una víctima fatal en bombardeos iraníes.
El Ejército israelí señaló que su fuerza aérea mató a Jamenei y añadió que en el último día sus aviones llevaron a cabo ataques para abrir el “camino hacia Teherán”, desmantelando la mayoría de los sistemas de defensa aérea en el oeste y el centro de Irán.
Sin embargo, el portavoz militar israelí, teniente coronel Nadav Shoshani, advirtió que aún quedan muchos objetivos, incluidos sitios de producción militar-industrial. “Tenemos las capacidades y los objetivos para continuar todo el tiempo que sea necesario”, afirmó.
Consultado sobre si Israel considera desplegar tropas terrestres en Irán, Shoshani respondió que esa opción no está bajo evaluación, pese a que el presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu instaron a los iraníes a aprovechar una oportunidad poco común para derrocar a sus líderes.
Horas después de que Estados Unidos e Israel anunciaran que un ataque aéreo mató al ayatolá Ali Jamenei en el marco de la campaña militar para derrocar al gobierno de la República Islámica, los medios estatales iraníes confirmaron la muerte del líder de 86 años.
Dentro de Irán, algunos lloraron a Jamenei mientras otros celebraron su muerte, dejando al descubierto una profunda fractura en un país conmocionado por el repentino fallecimiento del hombre que gobernó durante décadas.
Miles de iraníes murieron en una represión autorizada por Jamenei contra protestas antigubernamentales en enero, la ola de disturbios más letal desde la Revolución Islámica de 1979.
Imágenes desde Teherán mostraron a dolientes vestidos de negro, muchos llorando, reunidos en una plaza. Pero videos publicados en redes sociales también reflejaron escenas de júbilo y desafío en otras zonas: personas celebrando la caída de una estatua en Dehloran (provincia de Ilam), bailando en las calles de Karaj, cerca de Teherán, y festejando en Izeh, en la provincia de Juzestán. Reuters verificó las ubicaciones de esos videos.
Jamenei, quien durante sus 36 años de férreo liderazgo convirtió a Irán en una potencia antiestadounidense con influencia extendida en Medio Oriente, se encontraba trabajando en su oficina al momento del ataque del sábado, según medios estatales. En el bombardeo también murieron su hija, un nieto, su nuera y su yerno.
Dos fuentes estadounidenses y un funcionario de EE.UU. familiarizado con el asunto señalaron que Israel y Estados Unidos coordinaron el ataque para que coincidiera con una reunión que Jamenei mantenía con altos asesores.
Fuentes internas en Irán indicaron que el establishment gobernante buscará nombrar de inmediato a un sucesor para transmitir estabilidad y continuidad.
Expertos señalaron que, si bien la muerte de Jamenei y de otros líderes iraníes representa un golpe severo, no implica necesariamente el fin del régimen clerical ni del poder de la Guardia Revolucionaria.
Como líder supremo, Jamenei concentraba el poder máximo en Irán: era comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y definía la política exterior, marcada en gran medida por la confrontación con Estados Unidos e Israel.
Según la Constitución iraní, el líder supremo es designado por la Asamblea de Expertos, un órgano clerical de 88 miembros que lo supervisa y que, en teoría, puede destituirlo.
El presidente ruso Vladimir Putin calificó la muerte de Jamenei como un asesinato cínico, mientras que el canciller chino Wang Yi la describió como una “muerte flagrante”. La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, sostuvo que se trata de “un momento decisivo en la historia de Irán”.
El papa León, ante peregrinos en la Plaza de San Pedro, expresó su “profunda preocupación” y pidió frenar lo que describió como una “espiral de violencia”.
Tras la represalia iraní con ataques aéreos en la región del Golfo, Anwar Gargash, asesor del presidente de Emiratos Árabes Unidos, instó a Teherán a “recuperar la cordura”, subrayando que la guerra no es contra los vecinos árabes del Golfo. Hasta ahora, Emiratos ha sido el país que más sufrió la respuesta iraní.
Trump advirtió el domingo que Estados Unidos atacará a Irán “con una fuerza nunca antes vista” si Teherán responde tras los bombardeos.
En declaraciones dirigidas a Trump y a Netanyahu, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, aseguró: “Los golpearemos con tal fuerza aterradora que ustedes mismos se verán obligados a suplicar”.
“Le digo a Trump, a Netanyahu y a sus agentes y aliados: han cruzado nuestra línea roja y deberán pagar el precio”, afirmó.
Al menos 150 buques tanque, incluidos cargueros de crudo y gas natural licuado, fondearon en aguas abiertas del Golfo más allá del estrecho de Ormuz, mientras decenas permanecían detenidos al otro lado del paso estratégico, según datos marítimos del domingo posteriores a los ataques de EE.UU. e Israel.
Los petroleros se concentraron frente a las costas de grandes productores del Golfo como Irak y Arabia Saudita, así como de Qatar, uno de los principales exportadores de GNL, según estimaciones de Reuters basadas en datos de seguimiento de la plataforma MarineTraffic.
Jamenei contaba con seguidores chiitas fuera de Irán, en países como Irak y Pakistán, que poseen las mayores poblaciones chiitas después de Irán.
En Pakistán, la policía se enfrentó el domingo con manifestantes que irrumpieron en el muro exterior del consulado estadounidense en Karachi, con un saldo de nueve muertos, tras conocerse la muerte de Jamenei.
En Irak, la policía utilizó gases lacrimógenos y granadas aturdidoras para dispersar a cientos de manifestantes proiraníes que se congregaron frente a la Zona Verde en Bagdad, donde se encuentra la embajada de Estados Unidos.
El transporte aéreo global continuó gravemente afectado: los ataques mantuvieron cerrados grandes aeropuertos de Medio Oriente, incluido Dubái —el mayor hub internacional del mundo— en una de las mayores interrupciones aéreas de los últimos años.
Testigos informaron de nuevas explosiones en Dubái y sobre la capital de Qatar, Doha. Columnas de humo oscuro se elevaron sobre el puerto de Jebel Ali, uno de los más activos de la región.
Irán, que había advertido que atacaría bases estadounidenses si era agredido, golpeó otros objetivos en la región, manteniendo al Golfo en máxima tensión.
Trump sostuvo que los ataques aéreos buscan poner fin a una amenaza que se extiende por décadas y garantizar que Irán no desarrolle un arma nuclear. También defendió una jugada arriesgada que parece contradecir su declarada oposición a involucrar a Estados Unidos en conflictos complejos en el extranjero.

