TOKIO.— Japón anunció el martes la mayor reforma de sus normas de exportación de defensa en décadas, eliminando restricciones a la venta de armamento al exterior y habilitando el envío de buques de guerra, misiles y otros sistemas militares.
La medida, orientada a fortalecer su base industrial de defensa, marca un nuevo alejamiento de las limitaciones pacifistas que definieron su política de seguridad tras la Segunda Guerra Mundial.
Las guerras en Ukraine y en Medio Oriente también están tensionando la producción de armas de Estados Unidos, lo que abre oportunidades para Japón. Al mismo tiempo, aliados de Washington en Europa y Asia buscan diversificar proveedores ante la creciente incertidumbre sobre los compromisos de seguridad bajo el presidente Donald Trump.
“Ningún país puede proteger por sí solo su paz y seguridad. Es necesario contar con socios que se respalden mutuamente en materia de equipamiento de defensa”, afirmó la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi.
La reforma elimina cinco categorías que limitaban la mayoría de las exportaciones militares a equipos de rescate, transporte, alerta, vigilancia y desminado. En adelante, cada operación será evaluada caso por caso por funcionarios y ministros.
Japón mantendrá tres principios clave: controles estrictos, restricciones a la reexportación a terceros países y la prohibición de vender armas a naciones en conflicto. Sin embargo, el gobierno dejó abierta la posibilidad de excepciones por razones de seguridad nacional.
Funcionarios japoneses indicaron que países como Polonia y Filipinas ya analizan compras. Uno de los primeros acuerdos podría ser la exportación de buques de guerra usados a Manila.
El ministro de Defensa filipino, Gilberto Teodoro, celebró el cambio, destacando que permitirá acceder a equipamiento “de la más alta calidad” y contribuirá a la estabilidad regional mediante la disuasión.
Filipinas, junto con la cadena de islas del suroeste de Japón, forma parte de la llamada “Primera Cadena de Islas”, un corredor estratégico que limita el acceso de China al Pacífico occidental.
A medida que crece la influencia regional de China, Tokio y Manila profundizaron sus lazos de seguridad. En septiembre firmaron un acuerdo para facilitar operaciones conjuntas y en enero flexibilizaron normas para intercambiar suministros militares.
“El paso histórico fortalecerá las capacidades de defensa de los países aliados y la capacidad colectiva para mantener la paz en la región”, señaló el embajador de EE.UU. en Japón, George Glass.
Tokio busca que las exportaciones impulsen su industria de defensa, aumentando volúmenes de producción, reduciendo costos unitarios y ampliando capacidades que podrían ser clave en un escenario de crisis.
Empresas como Mitsubishi Heavy Industries pueden fabricar sistemas avanzados —submarinos, cazas y misiles— pero durante décadas dependieron de pedidos limitados de un único cliente: las Fuerzas de Autodefensa de Japón.
“Eso elevó costos y generó ineficiencias. Al expandir mercados, buscan aprovechar economías de escala y revitalizar su base industrial, especialmente entre empresas más pequeñas”, explicó Jeffrey Hornung, de RAND.
En paralelo, Japón acelera su rearme con compras de misiles, aviones furtivos y drones, en un intento por disuadir amenazas, especialmente de China en zonas cercanas a Taiwán.
Tokio también desarrolla un caza de nueva generación junto a Reino Unido e Italia, con despliegue previsto para mediados de la década de 2030, como parte de una estrategia para compartir costos y acceder a nuevas tecnologías.
En los últimos años, Japón elevó su gasto en defensa hasta el 2% del PBI, y el gobierno de Takaichi prevé nuevos incrementos en su próxima estrategia de seguridad.

