WASHINGTON.— La intervención coordinada entre Estados Unidos y Japón para frenar la caída del yen no solo buscó estabilizar el mercado cambiario. Analistas consideran que la decisión también fortalece la capacidad de Washington para exigir nuevas concesiones comerciales, mayores subas de tasas por parte del Banco de Japón (BOJ) y un mayor compromiso de Tokio con las inversiones y el gasto en defensa.
Aunque el presidente Donald Trump calificó la operación como una «señal de amistad» y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, afirmó que la administración «cumple con sus socios de confianza», en los mercados prevalece otra lectura: la ayuda estadounidense difícilmente haya sido gratuita.
La prioridad de Bessent: proteger el mercado de bonos de EE.UU.
Para varios economistas, el principal motivo detrás de la intervención fue evitar que la crisis del mercado japonés terminara presionando aún más a los bonos del Tesoro estadounidense.
Japón es el mayor tenedor extranjero de deuda de Estados Unidos, con u$s 1,14 billones en Treasuries.
Si Tokio hubiera necesitado vender parte de esas posiciones para comprar yenes y sostener su moneda, los rendimientos de los bonos estadounidenses podrían haber seguido escalando.
Precisamente el viernes, día de la intervención conjunta, el rendimiento del Treasury a 10 años alcanzó su nivel más alto desde que Bessent asumió el cargo.
El propio secretario del Tesoro reforzó esa idea al destacar la importancia de la línea de liquidez FIMA Repo Facility, una herramienta de la Reserva Federal que permite a bancos centrales obtener dólares utilizando bonos del Tesoro como garantía, sin necesidad de venderlos en el mercado.
Washington quiere un BOJ más agresivo
Economistas consideran que la intervención cambiaria forma parte de una estrategia más amplia para presionar al Banco de Japón a acelerar la normalización de su política monetaria.
Una mayor suba de tasas fortalecería al yen y, al mismo tiempo, ayudaría a contener la volatilidad de los bonos japoneses, reduciendo el riesgo de contagio hacia el mercado estadounidense.
Los operadores ya descuentan una creciente probabilidad de un ajuste monetario:
- Cerca de 50% de chances de una suba de tasas en septiembre.
- Aproximadamente 90% de probabilidad de que ocurra antes de octubre.
También hay intereses comerciales y geopolíticos
Además del frente financiero, analistas creen que Washington podría aprovechar el respaldo brindado a Japón para reforzar otras demandas.
Entre ellas aparecen:
- garantizar el cumplimiento del compromiso japonés de invertir u$s 550.000 millones en proyectos estadounidenses;
- obtener nuevas concesiones en las negociaciones comerciales;
- impulsar un mayor gasto en defensa, un reclamo que Trump ya había formulado en otras oportunidades.
También existe un componente político. Algunos especialistas interpretan que Trump busca respaldar a la primera ministra Sanae Takaichi, cuyo nivel de popularidad se deterioró en los últimos meses.
El desafío para Takaichi
La estrategia estadounidense también choca con la tradición económica defendida por Takaichi.
La primera ministra pertenece al ala política heredera de las Abenomics, el programa impulsado por Shinzo Abe que apostó durante años por tasas ultrabajas y fuertes estímulos monetarios.
Sin embargo, la persistencia de la inflación obliga ahora al Banco de Japón a avanzar hacia una política más restrictiva, una dirección que Washington respalda abiertamente.
El Departamento del Tesoro estadounidense ya había señalado en su último informe semestral sobre divisas que una normalización monetaria en Japón contribuiría a estabilizar tanto la inflación como el mercado cambiario.
Una intervención con objetivos más amplios
Para distintos analistas, la compra conjunta de yenes no fue solo una operación para estabilizar la moneda japonesa.
También buscó ganar tiempo hasta la próxima decisión del Banco de Japón, evitar que la tensión sobre los bonos japoneses se trasladara al mercado estadounidense y reforzar la posición negociadora de Washington frente a uno de sus principales aliados estratégicos.

