TOKIO.— La inflación subyacente de Japón se aceleró en abril al ritmo anual más rápido en más de dos años, impulsada por un sostenido aumento en los precios de los alimentos, según datos publicados este viernes. El repunte eleva las probabilidades de una nueva suba de tasas por parte del Banco de Japón (BOJ) antes de fin de año.
Los datos subrayan el dilema del BOJ, que debe equilibrar las presiones inflacionarias derivadas del persistente encarecimiento de los alimentos frente a los riesgos para el crecimiento económico derivados de los aranceles del presidente estadounidense Donald Trump.
El índice de precios al consumidor (IPC) subyacente —que excluye alimentos frescos pero incluye energía— subió un 3,5% en abril respecto al mismo mes del año anterior, superando las previsiones del mercado de un 3,4% y acelerándose desde el 3,2% registrado en marzo.
Se trata del mayor avance anual del indicador desde el aumento del 4,2% de enero de 2023, y marca más de tres años consecutivos por encima del objetivo del 2% fijado por el banco central.
«La inflación subyacente se mantuvo fuerte en abril, a pesar de la reducción en las tasas escolares de secundaria pública», señaló Marcel Thieliant, jefe de Asia-Pacífico en Capital Economics.
«Nuestro análisis sugiere que la persistente fortaleza de la inflación convencerá al BOJ de subir tasas nuevamente en octubre», añadió.
Una encuesta de Reuters realizada entre el 7 y el 13 de mayo mostró que la mayoría de los economistas espera que el BOJ mantenga las tasas estables hasta septiembre, aunque una leve mayoría pronostica una suba antes de fin de año.
El último repunte inflacionario fue impulsado principalmente por un alza del 7,0% en los precios de los alimentos, reflejo de que muchas empresas ajustaron sus precios al comenzar el nuevo año fiscal japonés en abril. El precio del arroz se disparó un 98,6% interanual, mientras que el del chocolate subió un 31%.
Otro índice que excluye tanto combustibles como alimentos frescos —seguido de cerca por el BOJ como mejor medida de presiones inflacionarias derivadas de la demanda— aumentó un 3,0% interanual en abril, acelerándose desde el 2,9% de marzo.
El BOJ dio por terminado su programa de estímulo masivo de una década el año pasado y en enero elevó la tasa de interés de corto plazo al 0,5%, considerando que Japón estaba cerca de alcanzar de manera sostenida su objetivo de inflación del 2%.
Aunque el banco central ha manifestado estar dispuesto a seguir subiendo las tasas, el impacto económico de los aranceles de Trump lo obligó a recortar sus previsiones de crecimiento, lo que complica la decisión sobre el momento oportuno para endurecer la política monetaria.
El gobernador Kazuo Ueda reconoció que la convergencia de la inflación subyacente hacia el objetivo del BOJ se ha postergado debido a la «extremadamente alta» incertidumbre económica.
A pesar de que los datos reflejan una presión inflacionaria persistente, algunos analistas anticipan que la inflación se moderará hacia el objetivo del 2% del BOJ hacia fin de año, a medida que la apreciación del yen reduzca los costos de importación.
Además, el impacto de los aranceles estadounidenses podría intensificarse más adelante este año y desalentar a las empresas de aumentar los salarios, lo que pone en duda si Japón logrará un aumento sostenido de precios impulsado por mejoras salariales —una condición clave para nuevas subas de tasas, según analistas.
La inflación en el sector servicios se desaceleró al 1,3% en abril desde el 1,4% de marzo, lo que indica que las empresas están siendo lentas en trasladar a precios el aumento de los costos laborales.
El consumo sigue estancado debido a que los salarios no crecen al ritmo de la inflación, un factor clave que llevó a la economía japonesa a contraerse en el primer trimestre del año.
«Las negociaciones salariales de shuntō trajeron un repunte sólido para 2025, pero con una inflación que se enfría más lentamente de lo previsto, esos aumentos no rendirán tanto como podrían», señaló Stefan Angrick, analista de Moody’s Analytics, quien advirtió que los aranceles de EE. UU. perjudicarán el crecimiento.
«El Banco de Japón no ha terminado de subir las tasas, pero no se moverá aún. La niebla arancelaria mantendrá al banco central en pausa por ahora. Esperamos una nueva suba a comienzos de 2026», concluyó.

