BUENOS AIRES, — El presidente Javier Milei apunta a derribar uno de los mayores tabúes financieros de la Argentina: permitir préstamos en dólares a personas y empresas que no generan ingresos en esa moneda, una práctica vedada desde la crisis de deuda de 2001.
Desde aquel colapso, los bancos locales quedaron virtualmente impedidos de prestar dólares a deudores sin flujo en moneda dura, bajo el argumento de que la escasez de divisas fue un detonante clave del derrumbe económico. Ahora, el Gobierno apuesta a convertir ese antiguo foco de riesgo en un motor de crecimiento.
El ministro de Economía Luis Caputo planteó la idea el lunes en una entrevista radial y señaló que la economía necesita más crédito en dólares para reactivar una expansión que ha sido débil durante buena parte de los casi dos años de gestión de Milei. Según una persona al tanto de las discusiones, el Ejecutivo buscará derogar la restricción por ley antes de fin de año y modificar regulaciones del Banco Central, aunque los detalles aún no están cerrados.
La lógica oficial es simple: darle un uso rentable a los dólares ociosos que hoy permanecen en los bancos y canalizarlos hacia prestatarios “de primera línea”, como desarrolladores inmobiliarios y empresas con sólidos perfiles crediticios. “Los bancos van a tener fondeo barato; pagarán, por ejemplo, 4% y podrán financiar desarrollos inmobiliarios e hipotecas”, dijo Caputo. “Eso reactiva la economía”.
Los riesgos, sin embargo, persisten. El peso se depreció cerca de 99% frente al dólar en la última década, y un nuevo episodio devaluatorio podría dejar a hogares y empresas con cargas impagables en sus deudas en moneda extranjera. “Las personas físicas pueden no dimensionar plenamente esos riesgos”, advirtió Daniel Marx, ex secretario de Finanzas en 2001 y hoy socio de Quantum Finanzas. En cambio, agregó, los gerentes corporativos suelen estar mejor preparados para manejar crédito en dólares.
El crédito en moneda extranjera fue durante años una línea roja política, prohibido de hecho por un decreto de 2002 y normas del Banco Central que limitaron los depósitos en dólares a operaciones de comercio exterior. Aun así, si Milei logra movilizar aunque sea una fracción del ahorro en dólares del país, podría impulsar la inversión y ampliar un sistema financiero que hoy resulta pequeño para el tamaño de la economía.
Caputo viene intentando atraer esos dólares al circuito formal: primero con un blanqueo, luego habilitando más transacciones en dólares, y más recientemente con un plan de “inocencia fiscal” para reducir controles sobre fondos sin indicios de ilegalidad. El Banco Central estima que los argentinos guardan fuera del sistema unos u$s170.000 millones.
Para mitigar riesgos, se prevé que la autoridad monetaria imponga salvaguardas prudenciales sobre calificación de deudores, garantías y límites al porcentaje de depósitos prestables. Una de las principales apuestas del nuevo esquema serían las hipotecas en dólares, un instrumento que en Argentina solo prosperó en breves períodos de estabilidad.
El plan aún está en construcción, pero el mensaje es claro: Milei quiere romper un tabú histórico para poner los dólares a trabajar. El mercado, mientras tanto, mide si el remedio puede reactivar sin reabrir viejas heridas.

