BRASILIA.- Mientras los aranceles de EE. UU. sobre productos brasileños se disparaban este miércoles hasta el 50%, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó en una entrevista con Reuters que no ve espacio para una negociación directa con su par estadounidense, Donald Trump, ya que eso probablemente implicaría una «humillación».
Lula aseguró que Brasil no anunciará aranceles recíprocos por el momento. Tampoco renunciará al diálogo a nivel ministerial, pero él no tiene apuro en llamar a la Casa Blanca.
“El día que mi intuición me diga que Trump está dispuesto a conversar, no dudaré en llamarlo”, dijo Lula desde su residencia presidencial en Brasilia. “Pero hoy mi intuición me dice que no quiere hablar. Y yo no me voy a humillar”.
A pesar de que las exportaciones brasileñas enfrentan uno de los aranceles más altos impuestos por Trump, las nuevas barreras comerciales parecen poco probables de descarrilar a la mayor economía de América Latina. Eso le da a Lula más margen para plantarse ante Trump que a la mayoría de los líderes occidentales.
Lula describió la relación entre EE. UU. y Brasil como en su punto más bajo en 200 años, después de que Trump vinculara los nuevos aranceles con su exigencia de que se suspenda el proceso judicial contra el expresidente de derecha Jair Bolsonaro, quien está siendo juzgado por planear el intento de revertir las elecciones de 2022.
El presidente afirmó que la Corte Suprema de Brasil, que lleva adelante la causa contra Bolsonaro, “no se preocupa por lo que diga Trump, ni debería hacerlo”, y agregó que Bolsonaro debería enfrentar otro juicio por provocar la intervención de Trump, al que calificó como “traidor a la patria”.
“Ya habíamos perdonado la intervención de EE. UU. en el golpe de 1964”, recordó Lula, quien inició su carrera política como líder sindical contra el régimen militar que siguió al derrocamiento —con apoyo estadounidense— de un presidente electo democráticamente.
“Pero esto no es una intervención menor. Es el presidente de EE. UU. creyendo que puede dictar las reglas a un país soberano como Brasil. Es inaceptable”.
Lula aclaró que no tiene problemas personales con Trump y que podrían encontrarse en la ONU el mes próximo o en la cumbre climática en noviembre. Pero advirtió sobre el historial de Trump humillando a sus invitados en la Casa Blanca, como el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, o el de Ucrania, Volodímir Zelenski.
“Lo que Trump hizo con Zelenski fue una humillación. Eso no es normal. Lo que hizo con Ramaphosa también fue una humillación”, señaló Lula. “Un presidente no puede humillar a otro. Yo respeto a todos y exijo respeto”.
Lula dijo que sus ministros están teniendo dificultades para abrir negociaciones con sus pares estadounidenses, por lo que el enfoque del gobierno está puesto en políticas internas para amortiguar el impacto económico de los aranceles, manteniendo al mismo tiempo la “responsabilidad fiscal”.
El mandatario evitó detallar qué medidas están en estudio para apoyar a las empresas brasileñas, aunque se espera que incluyan líneas de crédito y otras formas de asistencia para las exportaciones.
También anunció que planea llamar a los líderes del grupo BRICS —empezando por India y China— para discutir una posible respuesta conjunta a los aranceles estadounidenses.
“Todavía no hay coordinación entre los BRICS, pero la habrá”, dijo Lula, comparando la acción multilateral con el poder de negociación colectiva que conoció en sus días de dirigente sindical. “¿Cuál es el poder de negociación de un país pequeño frente a EE. UU.? Ninguno”.
En paralelo, Brasil evalúa presentar una denuncia colectiva ante la Organización Mundial del Comercio junto a otros países.
“Yo nací negociando”, dijo Lula, quien creció en la pobreza y escaló en el sindicalismo hasta llegar a la presidencia entre 2003 y 2010. Luego regresó a la política en 2022, cuando derrotó al entonces presidente Jair Bolsonaro.
Pero aseguró que no tiene apuro en alcanzar un acuerdo ni en tomar represalias por los aranceles de EE. UU.: “Tenemos que ser muy cautelosos”, advirtió.
Consultado sobre posibles contramedidas contra empresas estadounidenses —como un mayor impuesto a las grandes tecnológicas—, Lula dijo que su gobierno estudia mecanismos para que las compañías de EE. UU. paguen impuestos en igualdad de condiciones con las brasileñas.
Por último, Lula detalló sus planes para una nueva política nacional sobre los recursos minerales estratégicos de Brasil, tratándolos como una cuestión de “soberanía nacional”, con el objetivo de romper con el modelo histórico de exportaciones mineras de bajo valor agregado.

