WASHINGTON.— Si el presidente Trump logra poner un tope del 10% a las tasas de interés de las tarjetas de crédito, los emisores podrían redoblar esfuerzos para retener a sus mejores clientes.
El floreciente ecosistema de puntos y beneficios de las tarjetas de crédito podría estar cerca de derrumbarse —y solo un pequeño grupo de consumidores seguiría sacando provecho.
Las recompensas de las tarjetas podrían volverse mucho menos atractivas si el presidente Donald Trump consigue imponer un tope del 10% anual a las tasas de interés de las tarjetas por un año, advierten expertos. Eso reduciría la tasa anual promedio aproximadamente a la mitad, una medida pensada para ayudar a los consumidores a aliviar su carga de deuda.
Pero el modelo de negocio actual de las tarjetas de crédito depende de clientes que no cancelan el total de sus saldos y terminan pagando intereses elevados. Con menos ingresos por intereses provenientes de esos saldos impagos, los bancos tendrían que modificar de manera drástica sus modelos de negocio y sus ofertas.
Eso podría implicar recortar los límites de crédito, aumentar comisiones —algunas ya se acercan a los u$s1.000 anuales— o directamente excluir a ciertos consumidores del sistema. Los bancos y emisores también podrían verse obligados a recortar los programas que incentivan el gasto a cambio de reintegros en efectivo, puntos o millas aéreas.
Sin embargo, las personas con historiales crediticios impecables, que pagan regularmente el total de sus resúmenes, podrían quedar al margen de ese nuevo escenario y seguir aprovechando los programas de recompensas.
Hay dos posibles desenlaces para los beneficios si se concreta un tope temporal del 10%, explicó Dave Grossman, fundador de YourBestCreditCards.com. Uno es el “escenario apocalíptico”, con un final generalizado de los programas de recompensas. El otro —y más probable— es que los emisores concentren su atención en los clientes de mayor calidad.
Eso podría traducirse incluso en más incentivos y beneficios para ese segmento. “La pregunta es: ¿cómo retenemos a nuestros mejores clientes y reducimos el riesgo de los de peor perfil crediticio?”, dijo Grossman. El resultado sería profundizar aún más la brecha en forma de “K” de la economía, con los hogares de mayores ingresos concentrando el consumo y los de menores ingresos ajustando gastos.
Los consumidores con puntajes crediticios de al menos 800, considerados excelentes, podrían ver cierto recorte en sus programas de puntos, pero las ofertas y beneficios seguirían vigentes, señaló Tod Gordon, asesor senior en Klaros Group, una consultora para bancos y fintechs.
Casi una cuarta parte de los consumidores (23%) tiene puntajes superiores a 800, según datos de Experian. Los puntajes reflejan el historial de pagos, no el nivel de ingresos, aunque los hogares de mayores ingresos suelen tener mejores scores porque cuentan con más recursos para pagar sus cuentas.
Los bancos tienen incentivos para retener a clientes con puntajes extremadamente altos, que pueden ser rentables de otras formas, explicó Gordon. Las entidades podrían considerar que vale la pena mantener recompensas para ese grupo, monetizando las comisiones por uso de tarjeta y apostando a que esos clientes contraten préstamos u otros productos. Por debajo del umbral de un score de 700, en cambio, el panorama para las recompensas es “definitivamente más sombrío”.
Para los clientes que mantienen saldos rotativos, los bancos sufrirían un fuerte golpe en sus ganancias si reducen las tasas al 10%, dijo Gordon. “Van a tener que compensarlo en otro lado, y el lugar más fácil son las recompensas”.
Aun así, es importante considerar el costo total que hoy pagan los consumidores por esos programas de lealtad, incluidos altos intereses y la posibilidad de cargos por mora, señaló Mike Pierce, director ejecutivo de Protect Borrowers.
“Los emisores están exprimiendo a los clientes de clase trabajadora”, afirmó Pierce. “En la carrera armamentista entre los bancos por los clientes de élite, los que están en la cima van a estar perfectamente bien”.
Un tope del 10% reduciría las recompensas anuales en u$s27.000 millones, según un estudio del año pasado de Brian Shearer, de la Universidad de Vanderbilt. Los bancos probablemente empezarían a recortar beneficios para clientes con puntajes FICO por debajo de 760, y los programas podrían desaparecer para quienes tengan menos de 700.
Una persona con un saldo cercano a u$s6.700 ahorraría u$s899 al año con una tasa del 10%, según las estimaciones de Shearer. Pero podría perder por otro lado, ya que los prestamistas podrían reducir las ofertas para clientes con puntajes inferiores a 600.
Las recompensas de tarjetas crecieron con fuerza en los últimos años, reflejando un sistema dividido: los usuarios de mayores ingresos aprovecharon beneficios generosos, mientras los de menores ingresos acumularon deuda creciente para llegar a fin de mes.
En 2024, los emisores pagaron u$s47.500 millones en recompensas, casi el doble que en 2020, según los últimos datos de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor. La mitad correspondió a puntos, pese a que las tarjetas con reintegros en efectivo eran más comunes. Seis de cada diez ofertas incluían un bono inicial.
Al mismo tiempo, los bancos cobraron u$s160.000 millones en intereses en 2024, un aumento de cerca del 50% respecto de dos años antes. Antes de la temporada de compras navideñas, los estadounidenses mantenían un récord de u$s1,23 billones en deuda de tarjetas en el tercer trimestre, según la Reserva Federal de Nueva York.
El martes, un analista le preguntó al CEO de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, por el futuro de las tarjetas con recompensas si se impone el tope de tasas propuesto por Trump. Habría que hacer ajustes tarjeta por tarjeta, pero el impacto general sería “dramático”, dijo Dimon.
No obstante, agregó que si la medida se modifica sustancialmente, el efecto sería menor. “No sabemos todavía el número final, pero si fuera un tope directo, sería muy dramático”.
Por su parte, el CFO de JPMorgan, Jeremy Barnum, advirtió que un tope del 10% reduciría la oferta de crédito y “sería muy malo para los consumidores y para la economía”.
Según una encuesta de la Asociación de Banqueros Estadounidenses, las personas están profundamente apegadas a las recompensas: más de 8 de cada 10 tienen al menos una tarjeta con beneficios y el 68% dijo que se sentiría decepcionado si los perdiera por nuevas regulaciones.
Aunque la industria bancaria sostiene que un tope de tasas implicaría menor acceso al crédito, Pierce considera que ese temor está exagerado.
“Es positivo que el presidente vuelva a preocuparse por las finanzas de la gente trabajadora”, dijo. Pero aclaró que aún está por verse si las tasas realmente bajarán. “Habrá que ver si esto son solo palabras o si Trump va en serio con una solución más amplia a tasas exorbitantes que realmente alivie la deuda de las personas”.

