WASHINGTON.— El presidente Donald Trump dijo que designará formalmente a Arabia Saudita como aliado principal no perteneciente a la OTAN, en un nuevo fortalecimiento de los vínculos entre ambos países, coronando un día de acuerdos entre el mandatario estadounidense y el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman.
“Me complace anunciar que llevaremos nuestra cooperación militar a alturas aún mayores”, dijo Trump durante una cena en la Casa Blanca en honor al líder de 40 años. Es “algo que es muy importante para ellos”, agregó.
La designación —reservada para países con relaciones estratégicas estrechas con EE.UU.— brinda financiamiento y acceso prioritario para la compra de determinados equipos militares, además de permitir la participación en proyectos conjuntos de investigación.
Arabia Saudita será el aliado número 20 con ese estatus, sumándose a otros países de Medio Oriente como Egipto, Israel y Qatar.
MBS, como se conoce al líder de facto saudí, estuvo acompañado por ejecutivos y celebridades, entre ellos Elon Musk y el futbolista Cristiano Ronaldo, en el evento del martes por la noche, que también contó con la presencia del CEO de Apple, Tim Cook, y del presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Otros invitados, como Jane Fraser de Citigroup, Jensen Huang de Nvidia y el inversor Bill Ackman, disfrutaron de un menú que incluía costillar de cordero en largas mesas decoradas con velas y flores.
Más temprano, Trump había colmado de elogios a MBS durante una fastuosa bienvenida en la Oficina Oval, calificándolo como “un muy buen amigo mío” y exculpándolo del asesinato del columnista del Washington Post Jamal Khashoggi en 2018.
Ambos acordaron un pacto de cooperación en defensa redactado de manera vaga, que incluye la futura venta de aviones de combate F-35 al reino petrolero, mientras que EE.UU. accedió a formalizar negociaciones para asistir en un programa nuclear civil saudí.
La visita a la Casa Blanca y los acuerdos —que incluyeron una promesa difusa de Arabia Saudita de elevar su inversión en EE.UU. a US$ 1 billón, desde los US$ 600.000 millones previos— representan avances importantes para el príncipe heredero. Hasta hace pocos años, era evitado por varios aliados occidentales tradicionales —incluido, por un tiempo, el predecesor de Trump, Joe Biden— por el asesinato de Khashoggi en Estambul.
Trump y MBS han forjado una relación cercana desde los inicios del primer mandato del presidente estadounidense, y la próxima fase del vínculo tiene implicancias para el equilibrio geopolítico de Medio Oriente. Sin embargo, aún no se han concretado acuerdos clave, como la normalización de relaciones entre Arabia Saudita e Israel, un objetivo histórico de Washington que quedó descarrilado por los dos años de guerra de Israel con Hamas en Gaza.
Ese conflicto se encuentra ahora en una especie de tregua inestable, tras un acuerdo mediado por la administración Trump en octubre.
“Tenemos un Medio Oriente muy diferente desde que llegué al cargo”, dijo Trump. “Es el día y la noche”.
Trump afirmó que EE.UU. y Arabia Saudita acordaron un pacto sobre inteligencia artificial, tras tensas negociaciones por el interés saudí en acceder a chips avanzados. Aunque nada se anunció formalmente el martes, personas al tanto dijeron que EE.UU. dio luz verde para enviar esa tecnología a la firma saudí Humain.
En la víspera del conflicto entre Israel y Hamas en 2023, MBS estuvo cerca de firmar un amplio acuerdo con EE.UU. que habría implicado que Arabia Saudita reconociera a Israel y recibiera garantías de seguridad estadounidenses. El estallido de la guerra en Gaza frenó esas conversaciones, ya que los saudíes insisten en que Israel debe aceptar la creación de un Estado palestino como condición.
La visita de MBS a la Casa Blanca también sigue al viaje de Trump a Arabia Saudita en mayo, como parte de una gira por el Golfo que incluyó a Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. En ese momento, Trump —acompañado por más de 30 empresarios estadounidenses— dijo que se firmaron US$ 1 billón en acuerdos, muchos vinculados a chips de IA y centros de datos. Más tarde, la Casa Blanca corrigió la cifra a cerca de US$ 600.000 millones.

