CARACAS.– Venezuela volvió a incrementar su producción de crudo en marzo y alcanzó los 1.095.000 barriles por día, según los datos oficiales reportados a la OPEP. El salto implica una suba del 7,25% frente a febrero y confirma un arranque de 2026 con crecimiento sostenido en el sector energético.
El dato no es menor: el país encadena tres meses consecutivos de recuperación y se consolida nuevamente por encima del umbral del millón de barriles diarios, un nivel que había logrado recuperar en febrero tras años de caída estructural.
La mejora es progresiva y consistente. En enero, el bombeo se ubicaba en 924.000 barriles diarios, en febrero subió a 1.021.000 y en marzo escaló hasta 1.095.000 barriles por día. En términos absolutos, la suba mensual fue de 74.000 barriles diarios, mientras que en el trimestre acumula un incremento de 171.000 barriles diarios.
El comportamiento refuerza la idea de una recuperación gradual de la industria, todavía lejos de sus máximos históricos, pero con una dinámica más favorable que en años previos.
El repunte de la producción coincide con un giro en la relación energética entre Caracas y Washington. En febrero, el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, visitó Venezuela en el encuentro bilateral más relevante en décadas en materia petrolera.
Ese acercamiento se tradujo en medidas concretas. En marzo, Pdvsa anunció nuevos contratos para exportar crudo y derivados al mercado estadounidense, mientras que Washington amplió las autorizaciones para operar con la petrolera estatal. En la práctica, se trata de una flexibilización parcial del esquema de sanciones que busca incentivar inversión y elevar la producción.
La secuencia es clara: más licencias, más actividad operativa y, como resultado, más barriles.
El frente energético no avanza aislado. A comienzos de marzo, Estados Unidos y Venezuela anunciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas y consulares, en un movimiento que apunta a recomponer el vínculo bilateral tras años de tensión.
La reapertura de la embajada estadounidense en Caracas refuerza ese cambio de etapa y le agrega una dimensión política al repunte productivo. El petróleo vuelve así a ocupar un lugar central en la relación entre ambos países.
El dato de marzo consolida un primer trimestre en crecimiento, pero la sostenibilidad del proceso dependerá de variables clave: el flujo de inversiones, la capacidad de infraestructura y el alcance real de las flexibilizaciones otorgadas por Estados Unidos.
Por ahora, el mercado tiene una señal concreta: Venezuela volvió a crecer en producción y empieza a reinsertarse, aunque de forma gradual, en el mapa energético global.

