MOSCÚ.— Mientras el presidente Vladimir Putin concentra su atención en la guerra de Rusia en Ucrania, sus aliados estratégicos alrededor del mundo se sienten relegados —o algo peor.
En Venezuela, funcionarios ahora creen que su relación de seguridad con Moscú, construida durante años, era un tigre de papel. No están solos: desde Damasco y Teherán hasta La Habana, en los últimos 13 meses regímenes autoritarios que antes se beneficiaban de su cercanía con el Kremlin comprobaron que el respaldo ruso fue insuficiente cuando más importaba.
El dictador sirio Bashar al-Assad huyó a Moscú después de que el apoyo militar ruso se diluyera. Cuba, sin un benefactor claro, enfrenta una crisis humanitaria que algunos creen podría convertirla en la próxima ficha en caer.
Irán fue bombardeado por Estados Unidos el año pasado y ahora el líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, enfrenta protestas internas de magnitud existencial, además de la amenaza de nuevas acciones militares estadounidenses.
El símbolo más potente de la falta de atención rusa puede ser el de Nicolás Maduro languideciendo en una cárcel de Nueva York. Mientras los restos del aparato de seguridad estatal analizan cómo su líder fue capturado por Estados Unidos, funcionarios venezolanos expresaron en privado su decepción por el fracaso de sus socios cubanos y rusos para protegerlo, según personas al tanto del asunto.
Pese a las reiteradas señales públicas del presidente Donald Trump de que pretendía remover a Maduro, en Caracas se quejan de que las agencias de inteligencia cubanas y rusas —en las que confiaban para gran parte de su seguridad— no detectaron vulnerabilidades ni aportaron información específica sobre la amenaza al líder venezolano.
Gran parte de la seguridad personal de Maduro estaba en manos de agentes de inteligencia cubanos que actuaban como su equipo de protección, algo que quedó en evidencia cuando el gobierno cubano anunció la muerte de 32 de sus ciudadanos durante la operación estadounidense. Ya no queda confianza entre Venezuela y sus contrapartes de seguridad cubanas, dijeron los funcionarios.
También señalan las fallas de los sistemas de defensa aérea rusos S-300 y Buk-M2 para proteger el espacio aéreo venezolano. Según las quejas, Rusia no brindó el soporte técnico adecuado para garantizar su eficacia operativa. Las defensas cibernéticas de Venezuela dependían del apoyo técnico ruso, que nuevamente resultó insuficiente cuando los ciberataques de Estados Unidos aparentemente cortaron el suministro eléctrico en amplias zonas de Caracas.
La consecuencia es una ruptura de la confianza en la alianza de seguridad entre Venezuela, Cuba y Rusia. En Caracas, la sucesora de Maduro, Delcy Rodríguez, tiene pocas alternativas más que aceptar las ofertas de cooperación de Estados Unidos y aflojar los vínculos con los antiguos aliados de su país.
Putin aún no comentó públicamente las acciones de Estados Unidos en Venezuela, y el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso emitió apenas un comunicado formal señalando que tales acciones violan principios clave del derecho internacional. Sin embargo, funcionarios rusos se mostraron molestos por la decisión de Trump de avanzar con la operación para capturar a Maduro, según personas familiarizadas con el tema.
Aun así, para Moscú hoy es más importante la relación con Estados Unidos que Venezuela, dijo otra fuente cercana a la posición del Kremlin, que pidió no ser identificada porque la información no es pública.
La captura de Maduro es desagradable para Rusia, pero no una catástrofe, afirmó esa persona. Irán, en cambio, es un asunto más serio, ya que la cooperación rusa con ese país es mucho más estrecha, incluso en el plano militar. Rusia podría respaldar públicamente a Irán, pero es poco probable que se involucre de manera profunda en ayudar a Teherán, dada su capacidad limitada y la prioridad de poner fin a la guerra en Ucrania, agregó.
Eso augura un panorama complicado para las demás alianzas estratégicas de Rusia y sugiere que para el Kremlin es aún más importante lograr todos sus objetivos en Ucrania sin hacer concesiones en la mesa de negociaciones. A su vez, eso podría dificultar todavía más que Trump consiga un esquivo acuerdo de paz.

