BUENOS AIRES.— La deuda externa bruta de Argentina cerró el segundo trimestre en 305.043 millones de dólares, el nivel más alto de la serie histórica. El salto trimestral de 23.783 millones se explica, en gran medida, por el mayor endeudamiento del sector público con organismos internacionales, en un contexto donde el ajuste fiscal convive con la necesidad de financiamiento inmediato.
Con el calendario de vencimientos en el horizonte y los mercados atentos a cada señal, Argentina vuelve a tensionar su ecuación financiera: el volumen de deuda externa alcanza un pico inédito y reabre el debate sobre la sostenibilidad del pasivo, el costo de los intereses y la creciente exposición cambiaria. El movimiento del trimestre deja en evidencia que la asistencia de los multilaterales ha sido clave para sostener la caja del Estado y recomponer flujos, aunque a costa de un mayor desafío en la etapa que se abre.
El incremento del endeudamiento respondió principalmente al Gobierno, que incorporó 18.480 millones de dólares en nuevas obligaciones, mayormente vinculadas a desembolsos de organismos multilaterales. También se registraron aumentos en los saldos de sociedades no financieras y hogares, del Banco Central y de las entidades financieras, lo que en conjunto configuró el fuerte avance del trimestre.
Si se observa la deuda desde el ángulo del mercado, la foto cambia. A valor nominal, el stock trepó a 305.043 millones, pero medido a precios de mercado se ubica en 284.905 millones, reflejo del descuento al que cotizan los bonos soberanos respecto de su valor facial. Dentro del sector público, la brecha es clara: mientras los préstamos suman 96.763 millones, los títulos valen 70.799 millones a valor nominal, pero apenas 50.423 millones en el mercado. Es decir, el ajuste de expectativas y la percepción de riesgo continúan deprimiendo las cotizaciones.
En este contexto, el papel del FMI y de los organismos internacionales sigue siendo central. Durante el trimestre, la deuda con estas instituciones aumentó en 16.014 millones, muy por encima de la suba con acreedores privados, que fue de 2.424 millones. El saldo con el Fondo se estima en 55.171 millones de dólares, tras acreditarse nuevos giros que reforzaron la liquidez en el corto plazo, pero también reforzaron la dependencia del país de estas fuentes de financiamiento.
La dinámica de la deuda muestra que, pese al ajuste fiscal de la administración Milei, el endeudamiento continúa en ascenso. Desde diciembre de 2023, el stock a valor nominal aumentó en 19.092 millones, mientras que en la comparación interanual, la deuda a precios de mercado se incrementó en 36.527 millones respecto al mismo trimestre de 2024.
Las implicancias para la economía son múltiples. El servicio de la deuda implica mayores pagos de intereses, que presionan sobre un presupuesto ya ajustado y compiten con las partidas destinadas a gasto social e inversión. A su vez, el peso de los compromisos en moneda extranjera eleva la vulnerabilidad ante cualquier movimiento brusco del tipo de cambio. La refinanciación tampoco es un terreno sencillo: con condiciones financieras globales más exigentes, el costo de renovar vencimientos podría aumentar si se enfría el apetito de los inversores por riesgo emergente.
En definitiva, la trayectoria de la deuda vuelve a colocar a la sostenibilidad en el centro de la escena. La credibilidad de la estrategia económica y la capacidad de coordinación con los multilaterales aparecen como factores decisivos para sostener el acceso al financiamiento y evitar que el récord de endeudamiento se transforme en un cuello de botella para la estabilidad.

