BRASILIA.— El estado de Pará puso en marcha el mayor plan de trazabilidad bovina de la Amazonia, con más de 123.000 crotales entregados y las primeras reses ya procesadas en mataderos bajo control. La iniciativa busca cumplir con la Agenda 2030, cortar el vínculo entre ganadería y deforestación y garantizar el acceso a mercados internacionales que solo aceptan productos con certificación de “deforestación cero”.
La obligación legal de identificar a todo el ganado antes de 2026 coloca a Pará en el centro de la transición agroambiental. El rastreo masivo es visto como la única vía para asegurar que la carne amazónica no provenga de áreas deforestadas recientemente. Así, el plan se convierte en un caso de estudio de cómo una política pública puede impulsar al mismo tiempo la seguridad alimentaria, la conservación de los bosques y los objetivos de desarrollo sostenible.
Hasta septiembre de 2025, el programa estatal distribuyó 123.765 crotales y logró colocar 65.902 en animales pertenecientes a 89 explotaciones. El objetivo final es identificar los 26 millones de reses que conforman el rebaño de Pará en un plazo de 18 meses, con una meta intermedia de dos millones de dispositivos distribuidos. El avance ya permitió procesar por primera vez lotes trazados en Marabá, bajo control de auditoría.
La trazabilidad reduce riesgos de exportación y facilita medir el impacto real de la ganadería en la Amazonia. Su impacto conecta directamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible: el ODS 12 sobre producción responsable, el ODS 13 sobre acción climática y el ODS 15 sobre ecosistemas terrestres. Menos deforestación, menores emisiones y mayor control del hábitat son las promesas de esta política. En paralelo, grandes importadores —desde la Unión Europea hasta Asia— comienzan a exigir estas garantías de origen como requisito de acceso, más que como un diferencial competitivo.
La iniciativa también llega en un momento de mayor presión sobre las cadenas de soja y carne en Brasil, tras la suspensión parcial de la moratoria de la soja. En este escenario, el rastreo bovino aparece como la única prueba tangible de origen, y el modelo de Pará podría convertirse en referencia para otros estados amazónicos si demuestra resultados concretos en deforestación evitada.
El reto inmediato consiste en acelerar el ritmo de identificación en campo, asegurar que las bases de datos sean interoperables y garantizar mecanismos de verificación independiente. Sin estos pasos, la meta de 2026 podría quedar en mera declaración. El éxito del plan dependerá de convertir cada crotal en resultados verificables de menor deforestación.
Pará ya obliga a marcar cada vaca y empresas como JBS comenzaron a procesar animales trazados en Marabá. Si se cumplen los plazos, la Amazonia podrá mostrar en 2026 un hito medible hacia la Agenda 2030; de lo contrario, seguirá atrapada en el círculo de promesas sin resultados.

