WASHINGTON.— Una compleja pulseada interna dentro de la Casa Blanca está detrás de los cambiantes mensajes públicos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el rumbo de la guerra con Irán. Mientras el conflicto se expande por Medio Oriente, distintos asesores debaten cuándo y cómo declarar una victoria.
Algunos funcionarios advierten a Trump que el aumento del precio de la gasolina podría tener un costo político derivado de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Al mismo tiempo, sectores más duros presionan para que el presidente mantenga la ofensiva contra la República Islámica, según entrevistas con un asesor de Trump y otras personas cercanas a las deliberaciones.
Los testimonios recogidos por Reuters ofrecen una mirada inédita sobre el proceso de toma de decisiones dentro de la Casa Blanca mientras ajusta su estrategia en la mayor operación militar estadounidense desde la guerra de Irak en 2003.
Las maniobras internas reflejan los enormes riesgos políticos para Trump, que regresó al poder el año pasado prometiendo evitar “intervenciones militares estúpidas”. Casi dos semanas después de haber llevado al país a una guerra que sacudió a los mercados financieros globales y alteró el comercio internacional de petróleo, enfrenta presiones contradictorias.
La competencia por influir en el presidente es una característica habitual de su administración, pero en esta ocasión las consecuencias afectan directamente a la guerra y la paz en una de las regiones más volátiles y estratégicas del mundo.
En los últimos días, Trump se alejó de los objetivos más amplios que había planteado al inicio del conflicto el 28 de febrero y comenzó a describir la guerra como una campaña limitada cuyos objetivos ya se habrían cumplido en gran medida. Sin embargo, el mensaje sigue siendo confuso para muchos, incluidos los mercados energéticos, que reaccionan con fuertes movimientos ante cada declaración del presidente.
En un acto de campaña en Kentucky el miércoles afirmó que “ganamos la guerra”, pero enseguida matizó sus palabras: “No queremos irnos demasiado pronto, ¿verdad? Tenemos que terminar el trabajo”.
Asesores económicos y funcionarios, incluidos miembros del Departamento del Tesoro y del Consejo Económico Nacional, advirtieron a Trump que un shock petrolero y el aumento del precio de la gasolina podrían erosionar rápidamente el apoyo interno a la guerra, según las fuentes consultadas.
Asesores políticos, entre ellos la jefa de gabinete Susie Wiles y su adjunto James Blair, comparten ese diagnóstico. Según las fuentes, le recomendaron definir la victoria de manera acotada y transmitir que la operación es limitada y está cerca de concluir, para evitar el impacto político del encarecimiento del combustible.
En el sentido opuesto presionan voces más beligerantes que instan a mantener la presión militar sobre Irán. Entre ellos se encuentran legisladores republicanos como los senadores Lindsey Graham y Tom Cotton, además de comentaristas mediáticos como Mark Levin.
Un tercer frente proviene de la base populista de Trump y de figuras como el estratega Steve Bannon y el conductor conservador Tucker Carlson, que le piden evitar quedar atrapado en otro conflicto prolongado en Medio Oriente.
“Está permitiendo que los halcones crean que la campaña continúa, quiere que los mercados piensen que la guerra podría terminar pronto y que su base interprete que la escalada será limitada”, explicó uno de los asesores de Trump.
Consultada por Reuters, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, rechazó el artículo y afirmó que se basa en “chismes y especulación de fuentes anónimas que ni siquiera están en la sala cuando el presidente mantiene discusiones”.
“El presidente es conocido por escuchar muchas opiniones, pero todos saben que él es quien toma la decisión final y su propio mejor portavoz”, señaló. “Todo su equipo está concentrado en garantizar que los objetivos de la Operación Epic Fury se cumplan plenamente”.
Otros funcionarios mencionados en las deliberaciones no respondieron de inmediato a las consultas de Reuters.
En busca de una salida
Al llevar a Estados Unidos a la guerra, Trump ofreció pocas explicaciones claras y los objetivos declarados por su administración fueron cambiando: desde frenar un supuesto ataque inminente de Irán hasta desmantelar su programa nuclear o incluso reemplazar al gobierno en Teherán.
Mientras busca una salida de un conflicto impopular, Trump intenta equilibrar narrativas contradictorias que, según críticos, han complicado aún más una situación ya delicada. Irán, pese al intenso bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel, sigue desafiando.
Los principales asesores políticos y económicos —cuyas advertencias sobre el posible impacto económico antes del inicio de la guerra fueron en gran medida ignoradas— parecen haber tenido un papel central esta semana al impulsar a Trump a tranquilizar a los mercados y contener el alza del petróleo y de los combustibles.
Su cambio discursivo, minimizando el impacto del conflicto y describiéndolo como una “excursión de corto plazo”, junto con su insistencia en que la suba de la gasolina será temporal, apunta a calmar el temor a una guerra abierta de largo plazo.
Algunos colaboradores le recomendaron avanzar hacia un cierre del conflicto que pueda presentar como una victoria, al menos en términos militares, incluso si gran parte del liderazgo iraní sobrevive y quedan restos de su programa nuclear.
Las sucesivas oleadas de ataques aéreos estadounidenses e israelíes han matado a varios líderes iraníes entre cerca de 2.000 víctimas totales —algunas incluso en Líbano—, devastaron parte del arsenal de misiles balísticos del país, hundieron gran parte de su flota y redujeron su capacidad para apoyar a milicias aliadas en la región.
Sin embargo, esos logros militares quedaron parcialmente opacados por la intensificación de los ataques iraníes contra petroleros e instalaciones de transporte en el Golfo, lo que impulsó los precios del petróleo.
Trump aseguró que él decidirá cuándo terminar la campaña. Tanto él como sus asesores sostienen que están muy por delante del plazo inicial de cuatro a seis semanas que el presidente había mencionado.
Las razones cambiantes para iniciar el conflicto —que ya se extendió a más de media docena de países— hacen aún más difícil prever qué sucederá después.
Por su parte, analistas creen que el liderazgo iraní también declarará victoria simplemente por haber sobrevivido al ataque conjunto de Estados Unidos e Israel, sobre todo después de demostrar que aún puede contraatacar y causar daños a Israel, Estados Unidos y sus aliados.
Un punto clave para el desenlace será el estrecho de Ormuz, por donde normalmente transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial. El flujo por esa vía se ha reducido casi a cero. En los últimos días Irán atacó petroleros en aguas iraquíes y otros buques cerca del estrecho, mientras el nuevo líder supremo Mojtaba Khamenei prometió mantenerlo cerrado.
Si el control iraní del paso marítimo eleva lo suficiente el precio de la gasolina en Estados Unidos, la presión política sobre Trump para poner fin a la campaña militar podría intensificarse, especialmente con vistas a las elecciones legislativas de noviembre, en las que el Partido Republicano defiende mayorías muy ajustadas en el Congreso.
En los últimos días Trump también dejó de insistir en que la guerra busca derrocar al gobierno de Teherán. Informes de inteligencia estadounidenses indican que el liderazgo iraní no enfrenta un riesgo inmediato de colapso.
Parte de la confusión sobre la trayectoria de la guerra parece explicarse por el rápido éxito militar de Estados Unidos en Venezuela. Algunos asesores han tenido dificultades para convencer a Trump de que la campaña contra Irán difícilmente seguiría el mismo patrón que la operación del 3 de enero en Venezuela, que permitió capturar al presidente Nicolás Maduro, según otra fuente cercana a la administración.
Aquella operación permitió a Trump presionar a antiguos aliados de Maduro y ganar influencia sobre las vastas reservas petroleras del país sin necesidad de una intervención militar prolongada.
Irán, en cambio, ha demostrado ser un adversario mucho más duro, mejor armado y con un aparato religioso y de seguridad profundamente arraigado.
Expertos también rechazaron las afirmaciones de asesores de Trump de que Irán estaba a semanas de poder fabricar un arma nuclear, pese a que el presidente aseguró en junio que los bombardeos habían “obliterado” su programa nuclear.
Se cree que gran parte del uranio altamente enriquecido de Irán quedó enterrado tras los ataques de junio, lo que significa que el material podría ser recuperado y refinado hasta alcanzar grado militar. Irán siempre negó estar buscando armas nucleares.
Si la guerra se prolonga, aumentan las bajas estadounidenses y los costos económicos se multiplican, algunos analistas advierten que el respaldo dentro de la base política de Trump podría erosionarse. Sin embargo, pese a las críticas de algunos seguidores opuestos a las intervenciones militares, gran parte del movimiento Make America Great Again (MAGA) sigue apoyándolo por ahora.
“La base de MAGA le va a dar al presidente cierto margen de maniobra”, concluyó el estratega republicano Ford O’Connell.

