INANZAS.— El oro supera los u$s 5.000. Las acciones siguen en racha. El dólar vuelve a debilitarse. Y, sin embargo, Bitcoin —celebrado tanto como trade de momentum como de “devaluación”— está mirando desde la tribuna. El precio se estanca, los volúmenes son pobres y muchos creyentes históricos migran hacia mercados más previsibles como la renta variable y los metales preciosos.
La criptomoneda original ronda los u$s 87.000 —un 25% por debajo del pico de octubre y 6% menos solo en los últimos siete días. En la última semana, los inversores retiraron más de u$s 1.300 millones de fondos vinculados a Bitcoin, según datos recopilados por Bloomberg, como parte de una retirada más amplia de los ETF cripto. Esas salidas llegan tras un breve período de entradas a comienzos de enero, lo que sugiere que el ánimo cambió rápido tras el inicio del año.
Por la mayoría de las métricas macro, el telón de fondo debería favorecer a las criptos —al menos en el papel—. La desaceleración de la inflación y de las tasas suele apuntalar el apetito por riesgo, mientras que condiciones financieras más laxas y una mayor incertidumbre geopolítica históricamente respaldaron a los activos promocionados como cobertura frente a la devaluación monetaria. En ciclos anteriores, esa combinación solía atraer capital hacia los activos digitales, ya fuera como trade de momentum o como dinero alternativo.
Esta vez, el flujo va en sentido contrario. Los metales preciosos captan efectivo a medida que los inversores buscan refugio ante el riesgo geopolítico y un dólar más débil. Las acciones, en particular tecnología y small caps, extienden las subas del año. Cripto, en cambio, no logra justificar su relevancia. Una nota de JPMorgan Chase & Co. de la semana pasada señaló que los ETF de acciones de base amplia registran algunas de las mayores entradas de la historia, mientras que los vehículos cripto muestran salidas.
“Definitivamente es un período difícil para la industria frente a estas dinámicas”, dijo Stephane Ouellette, CEO y cofundador de FRNT Financial Inc. “Hay muchos temas compitiendo con cripto ahora mismo: desde el lado de la innovación, la IA captó una porción considerable de los dólares de inversión el último año y, además, cripto quedó fuera del trade inflacionario. Creo que Bitcoin necesita demostrar que puede operar por encima de u$s 100.000 para una continuación significativa del mercado alcista”.
La cautela va más allá del precio. Datos on-chain de CryptoQuant muestran que los tenedores de Bitcoin entraron en una fase sostenida de pérdidas realizadas netas —la primera desde 2023—.
Cada vez más inversores cristalizan pérdidas al salir, incluso sin un derrumbe del spot, lo que sugiere una erosión silenciosa de la convicción. El interés abierto en futuros de Bitcoin —que concentra la mayor parte del volumen cripto— sigue muy por debajo de los niveles previos a la venta masiva de octubre, cuando se evaporaron cerca de u$s 20.000 millones de capitalización. Los tokens más chicos exhiben caídas aún mayores en la demanda de futuros, según Coinglass.
Buena parte de esa prudencia se remonta al selloff que comenzó a inicios del otoño, cuando liquidaciones abruptas borraron miles de millones de dólares en riqueza cripto y sacudieron incluso a participantes curtidos. Muchos inversores minoristas no rotaron dentro del universo cripto: se apartaron.
Ese freno del momentum parece tan cultural como financiero. El ethos de “holdear” que definía a la base retail se debilitó. Los ciclos especulativos que atraían nuevos participantes —de los NFT a los memecoins— colapsaron o perdieron credibilidad. Parte de esa energía especulativa migró a otros lados. Plataformas de predicción como Kalshi y Polymarket reportan mayores volúmenes, y el venue de futuros descentralizados de acciones Hyperliquid creció con rapidez, todos bebiendo de la misma base de traders que antes impulsó el ascenso cripto.
Lo que queda es un mercado más delgado y silencioso, aún funcional pero cada vez más desconectado de aquella urgencia y promesa inicial. La industria ya atravesó silencios prolongados y caídas profundas con rótulos como “criptoinvierno”. Pero en un año en el que casi todas las demás clases de activos avanzan, su ausencia resulta más llamativa.
Eso reavivó las dudas sobre el estatus de Bitcoin como cobertura macro. Incluso con tensiones globales en alza, el activo muchas veces descripto como “oro digital” permanece clavado.
“Es poco probable que Bitcoin reemplace al oro como activo refugio preferido de los inversores”, escribió Cam Harvey, profesor de la Universidad de Duke, tras la corrección de octubre. Analistas de Citigroup Inc. y de la firma cripto Tagus Capital llegaron recientemente a conclusiones similares, señalando que la función de cobertura inflacionaria de Bitcoin es, en el mejor de los casos, episódica —más determinada por la liquidez, el apetito por riesgo y los flujos tipo acciones tecnológicas que por un vínculo duradero con la debilidad del dólar o el estrés geopolítico.
“Los retornos de Bitcoin pueden reaccionar a sorpresas inflacionarias, a condiciones monetarias más laxas y a temores de devaluación fiduciaria, pero la investigación académica muestra que esa cobertura es episódica, más débil que la del oro y fuertemente influida por el apetito por riesgo, la liquidez y factores similares a las acciones, más que por un vínculo estable con la debilidad del dólar”, escribieron los analistas de Tagus.

