WASHINGTON/TEHERÁN — El acuerdo interino anunciado entre Estados Unidos e Irán para detener el conflicto en Medio Oriente ha sido recibido con escepticismo por el sector naviero internacional.
Empresas de transporte marítimo advierten que la recuperación de la confianza para transitar por el Estrecho de Ormuz podría tardar semanas, mientras persisten interrogantes fundamentales sobre los términos del pacto.
El presidente de EE. UU., Donald Trump, confirmó el lunes la firma de un borrador preliminar. No obstante, los detalles detallados aún son confidenciales y ambas naciones reconocieron que la tregua permanente todavía debe ser negociada.
El pacto contempla extender por 60 días el frágil alto el fuego iniciado en abril y reabrir el Estrecho de Ormuz, bloqueado por Teherán desde los ataques de EE. UU. e Israel contra Irán en febrero. Durante este plazo, los negociadores abordarán temas complejos como el programa nuclear iraní. Sin embargo, no se prevé incluir en la agenda las demandas iniciales de Trump y del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sobre el fin del apoyo iraní a milicias regionales y la limitación de su programa de misiles.
Los precios del petróleo registraron volatilidad: tras caer el lunes a su nivel más bajo desde el 10 de marzo —fecha cercana al inicio del bloqueo que interrumpió la quinta parte del comercio global de crudo—, el barril de Brent se estabilizó el martes cotizando a 82,96 dólares en Asia, reflejando la cautela del mercado.
A pesar de las dudas, el acuerdo representa el avance más significativo para frenar una guerra que ha dejado al menos 7.000 muertos, principalmente en Irán y Líbano. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, calificó el pacto de «paso importante», aunque matizó que el acuerdo definitivo «aún debe tomar forma».
Por su parte, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, describió el memorando como un documento «muy general» y adelantó que los detalles se publicarán formalmente en los próximos días, sugiriendo que Trump podría liberar el texto antes de la ceremonia oficial de firma prevista para este viernes en Ginebra.
Fuentes oficiales indican que el pacto promete a Irán un paquete de alivio de sanciones, descongelamiento de activos y un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares financiado por los Estados del Golfo. No obstante, Washington condiciona estos beneficios a que Irán garantice no desarrollar armas nucleares y suspenda el apoyo a milicias como Hezbolá. Teherán argumenta haber cedido poco al limitarse a retomar el diálogo nuclear interrumpido por la guerra.
En el ámbito comercial, la reapertura de Ormuz solo restaura el statu quo previo. Navieras globales como la japonesa Mitsui O.S.K. Lines advirtieron que no reanudarán operaciones de inmediato. Su director ejecutivo, Takeshi Tamura, señaló que los armadores esperarán a comprobar la solidez real del pacto, estimando un retraso de «al menos un par de semanas o un mes» para normalizar el tráfico.
Mientras Trump aseguró en redes sociales que los buques petroleros ya comenzaron a moverse de forma segura por una «ruta alternativa del sur», persisten las diferencias operativas: Irán sostiene que mantendrá el control del estrecho junto a Omán, mientras que EE. UU. exige que el libre tránsito sin peajes se consolide en el acuerdo final.
El conflicto paralelo entre Israel y la milicia Hezbolá en Líbano, que ha desplazado a 1,2 millones de personas, sigue siendo el principal escollo. Irán exige el cese total de las hostilidades en la zona como parte del trato.
Sin embargo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu —cuyo país no participa directamente en las negociaciones—, afirmó que sus tropas permanecerán en el sur de Líbano y mantendrán el derecho a responder a los ataques de Hezbolá. «Irán quería que nos retiráramos, pero me mantuve firme», declaró. Una fuente oficial de EE. UU. aclaró que la retirada de Israel no es una condición vinculante del acuerdo interino, mientras que el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, exigió el fin inmediato de las ofensivas israelíes.

