LONDRES.- Alexaner Boris de Pfeffel Johnson nació en Nueva York en 1964, su familia siempre lo llamo “Al”, tiene cuatro hijos y dos matrimonios. Mientras estudiaba en Oxford decidió llamarse “Boris” (su segundo nombre, elegido por su padre Stanley en homenaje a un inmigrante ruso).
Allí mismo, en Oxford, antes de pasar por Eton como demandan los cánones del aspirante a político británico, fijó su meta más alta posible: convertirse en “rey del mundo”, recuerda Sonia Purnell, autora de Just Boris, quien trabajó a sus órdenes en su época de corresponsal para The Daily Telegraph en Bruselas, de hecho Johnson todavía escribe una columna semanal para ese rotativo.
Amado por unos y odiado por otros, Johnson ha sido descrito como “bufón sin principios” por sus detractores y como un “tesoro nacional” por sus partidarios.
El nuevo líder del Partido Conservador y primer ministro de Reino Unido a partir de este miércoles, es uno de los políticos más famosos en ese país y ahora del mundo. Sus éxitos se han apoyado en su capacidad para combinar perfectamente la seriedad que amerita su posición y su carácter afable y cómico, algo atípico en la vida pública actual.
Johnson, periodista, parlamentario, alcalde de Londres y ministro de Exteriores, ha logrado todo esto, con frecuencia, de la mano de ciertas polémicas, algunas ácidas.
El exalcalde de Londres ha sabido sacar provecho de su imagen de inglés excéntrico y erudito que no tiene miedo al ridículo, hasta llegar al cargo más importante de ese país europeo a pesar de sus numerosas polémicas.
Un ejemplo de una de las metidas de pata de Johnson fue cuando llamó a la excandidata presidencial de Estados Unidos, Hillary Clinton, “enfermera sádica”.
Con un estilo desaliñado por su despeinado cabello rubio y sus camisas que siempre le salen de los pantalones, el extraño político británico logró construir una imagen que hoy lo hace irreconocible en el mundo político.
Johnson padeció desde pequeño una sordera, lo que lo convirtió en un niño “retraído”. El extrovertido Boris no apareció hasta años después, impulsado por esa influencia de latinismos que aprendió estudiando a los clásicos y fogueándose como aguerrido miembro del Bullingdon Club, donde compartió honores y deshonras con el exprimer ministro David Cameron.
Los críticos de Boris destacan que su postura antieuropea no estuvo siempre tan clara. En un artículo que Johnson escribió para el Telegraph en 2013, aseguró que abandonar la Unión Europea no solventaría los problemas de Reino Unido.
Hoy, elegido primer ministro, Johnson enfrenta enormes desafíos con el “Brexit” y las tensiones en la región del Golfo Pérsico. Sin duda, como líder británico, será una de las personas más poderosas del mundo.
Al igual que en Alemania el/la canciller, el primer ministro británico, como parte de sus competencias, determina la dirección de la política gubernamental o, como lo indica el sitio web del Gobierno de Reino Unido, es “la última instancia responsable de las políticas y decisiones gubernamentales”.
El hombre o mujer en Downing Street nombra a los ministros del gabinete, determina o confirma el nombramiento de embajadores y jefes de inteligencia, y además, supervisa los ministerios y agencias gubernamentales.

