BOGOTÁ.— El Gobierno colombiano ha dado un giro estratégico en su política de defensa aérea al decidir la compra de entre 16 y 24 cazas Gripen E/F, fabricados por la empresa sueca SAAB, en reemplazo de su envejecida flota de Kfir de origen israelí.
Con esta decisión, Bogotá descarta formalmente a los modelos F-16 estadounidenses y Rafale franceses, apostando en cambio por un avión de menor costo operativo y con características adaptables al terreno colombiano.
El acuerdo, que será formalizado en septiembre, prevé que las primeras unidades lleguen entre finales de 2026 y mediados de 2027. Según informó el Gobierno, la adquisición no se limita a las aeronaves, sino que incluye una transferencia de tecnología considerada clave para el desarrollo de capacidades locales.
El Gripen ha sido señalado por analistas como una elección acertada para Colombia por su eficiencia, versatilidad y bajo costo por hora de vuelo. “Se ajusta perfectamente a nuestras necesidades, incluso puede operar desde carreteras, lo cual es una ventaja en el contexto colombiano”, destacó el experto en defensa César Cepeda Bernal. Además, su compatibilidad con los misiles Python y Derby —ya utilizados por la Fuerza Aérea Colombiana— permite mantener parte del sistema de armas existente.
Aunque aún no se conocen todos los detalles del contrato, trascendió que cada aeronave podría costar entre 110 y 120 millones de dólares, lo que posiciona al Gripen como una opción más económica frente a sus competidores. El monto total del acuerdo rondaría los 4.000 millones de dólares, cifra que podría reducirse si se realiza un pago anticipado, según indicó el Ministerio de Defensa.
Uno de los puntos más ambiciosos del convenio es la posible participación colombiana en procesos tecnológicos asociados al proyecto. El ministro de Defensa, Iván Velásquez, subrayó que no se trata únicamente de una compra de aeronaves, sino de una apuesta por fortalecer la soberanía tecnológica. El presidente Gustavo Petro fue más allá al plantear que Colombia debe avanzar hacia la producción de sus propios sistemas de defensa.
Sin embargo, expertos se muestran prudentes ante estas declaraciones. Erich Saumeth, analista en temas militares, advirtió que aún es pronto para afirmar si Colombia tendrá un rol directo en la fabricación de los Gripen. “Es probable que las unidades provengan de Brasil, donde SAAB ya tiene una planta operativa, lo que también facilitaría la logística y el entrenamiento”, sostuvo.
La posible cooperación con Brasil, que ya produce localmente los Gripen a través de una alianza con Embraer, también podría traducirse en una mayor integración entre ambas naciones en el desarrollo de doctrinas operacionales y sistemas regionales de defensa.
Por el momento, la “transferencia de tecnología” que Colombia espera recibir podría estar más enfocada en capacidades satelitales, ciberdefensa o sistemas electrónicos avanzados que en una verdadera línea de ensamblaje local. Empresas estatales como CIAC, Cotecmar e Indumil están atentas a las oportunidades que puedan surgir de este acuerdo, pero todavía no se han confirmado compromisos específicos.
La compra de los Gripen marca así no solo una modernización de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, sino también un intento por reposicionar al país en la cadena tecnológica regional, aunque el alcance de ese objetivo dependerá de la letra chica del contrato y de la voluntad política de impulsar una verdadera industria nacional de defensa.

