WASHINGTON.— Las fuerzas de Estados Unidos e Irán volvieron a enfrentarse en el Golfo Pérsico, mientras Emiratos Árabes Unidos sufrió un nuevo ataque, poniendo en riesgo el alto el fuego alcanzado hace un mes y debilitando las esperanzas de una salida diplomática al conflicto.
La nueva escalada se produjo mientras Washington esperaba una respuesta de Teherán a la propuesta estadounidense para poner fin formalmente a la guerra, iniciada el 28 de febrero con bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní.
El presidente de Donald Trump afirmó este jueves que tres destructores de la Marina estadounidense fueron atacados mientras atravesaban el estrecho de Ormuz, paso estratégico por donde circula cerca del 20% del petróleo y gas natural licuado del mundo y que Irán mantiene prácticamente bloqueado desde el inicio del conflicto.
“Tres destructores estadounidenses de clase mundial atravesaron con éxito el estrecho de Ormuz bajo fuego. Ninguno sufrió daños, pero los atacantes iraníes sí sufrieron grandes daños”, escribió Trump en Truth Social.
Más tarde, el mandatario buscó minimizar el episodio y aseguró que el alto el fuego continúa vigente.
“Jugaron con nosotros hoy. Nosotros los destruimos”, declaró Trump ante periodistas en Washington.
Por su parte, el alto mando militar conjunto iraní acusó a Estados Unidos de violar la tregua al atacar un petrolero iraní y otra embarcación, además de lanzar bombardeos sobre zonas civiles en la isla de Qeshm y áreas costeras cercanas al estrecho de Ormuz.
Según Teherán, la respuesta iraní consistió en ataques contra buques militares estadounidenses al este del estrecho y al sur del puerto de Chabahar.
Un portavoz del cuartel general iraní Khatam al-Anbiya aseguró que los ataques causaron “daños significativos”, aunque el Comando Central de Estados Unidos negó que alguno de sus activos haya sido alcanzado.
Más tarde, la televisión estatal iraní Press TV informó que, tras varias horas de intercambio de fuego, “la situación en las islas iraníes y ciudades costeras del estrecho de Ormuz volvió a la normalidad”.
Desde la entrada en vigor del alto el fuego el 7 de abril, ambos países mantuvieron enfrentamientos esporádicos y Teherán volvió a atacar objetivos en países del Golfo, incluidos Emiratos Árabes Unidos.
Hasta el momento hay pocos detalles sobre el último ataque contra territorio emiratí. Desde el comienzo de la guerra, Irán apuntó reiteradamente contra Emiratos y otros países del Golfo que albergan bases militares estadounidenses.
La renovada tensión militar volvió a golpear a los mercados financieros. El petróleo Brent superó nuevamente los u$s 100 por barril en las primeras operaciones asiáticas del viernes, mientras las bolsas retrocedieron tras las fuertes subas registradas esta semana por expectativas de una rápida resolución del conflicto.
“A pesar de las hostilidades en curso y de los precios todavía elevados del petróleo, los mercados siguen descontando que el conflicto tendrá una duración limitada”, señaló Marija Veitmane, jefa de estrategia de acciones en State Street Markets.
Trump aseguró además que las negociaciones con Teherán continúan pese a los nuevos ataques.
“Estamos negociando con los iraníes”, afirmó.
Antes de la última escalada, Estados Unidos había presentado una propuesta para terminar formalmente el conflicto, aunque sin resolver dos demandas centrales de Washington: que Irán suspenda su programa nuclear y reabra completamente el estrecho de Ormuz.
Teherán aseguró que todavía no tomó una decisión sobre el plan.
Aun así, Trump sostuvo que Irán ya aceptó una de sus principales exigencias: que nunca pueda desarrollar armas nucleares.
“No tienen ninguna posibilidad. Ellos lo saben y aceptaron eso. Veremos si están dispuestos a firmarlo”, dijo el presidente estadounidense.
Consultado sobre cuándo podría alcanzarse un acuerdo definitivo, respondió: “Puede que no ocurra, pero podría pasar cualquier día. Creo que ellos quieren un acuerdo más que yo”.
La guerra también comenzó a generar costos políticos internos para Trump, que había hecho campaña prometiendo evitar nuevas guerras extranjeras y reducir el precio de los combustibles.
Desde fines de febrero, el precio promedio de la gasolina en Estados Unidos subió más de un 40%, con un aumento cercano a u$s 1,20 por galón hasta superar los u$s 4, según datos de la American Automobile Association.
La suba estuvo impulsada principalmente por las interrupciones en los envíos de petróleo a través del estrecho de Ormuz, que dispararon los precios internacionales del crudo.

