TOKIO — El yen japonés cayó hasta su nivel más débil frente al dólar desde 1986, un movimiento que vuelve a poner en alerta a los mercados ante la posibilidad de una nueva intervención del Gobierno japonés para frenar el desplome de la moneda.
La divisa llegó a cotizar por encima de 162 yenes por dólar, luego de superar durante la sesión de Nueva York el nivel de 161,95, que había marcado el piso alcanzado en julio de 2024, cuando las autoridades intervinieron para sostener el tipo de cambio.
Este martes, el yen profundizó su caída hasta 162,40 por dólar en Tokio, pese a las advertencias verbales del jefe del gabinete japonés, Minoru Kihara, y de la ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, cuyos comentarios tuvieron escaso impacto sobre el mercado.
Un mínimo que no se veía desde 1986
La última vez que el yen operó en estos niveles fue en 1986, aunque en aquel momento la moneda se encontraba en pleno proceso de apreciación tras los acuerdos internacionales impulsados por Estados Unidos para corregir los desequilibrios cambiarios.
Hoy el contexto es completamente distinto.
Mientras Japón comienza a salir de décadas de estancamiento económico, la depreciación del yen beneficia a las grandes empresas exportadoras y contribuye a que la bolsa japonesa alcance nuevos máximos históricos.
Sin embargo, el debilitamiento de la moneda también encarece las importaciones, especialmente de petróleo y gas, que se pagan en dólares, alimentando la inflación y reduciendo el poder adquisitivo de los consumidores.
Ese escenario amenaza además con afectar la popularidad del gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi.
El mercado espera una intervención
Los operadores siguen de cerca la posibilidad de que el Ministerio de Finanzas vuelva a intervenir en el mercado cambiario.
«El foco de hoy estará en determinar si las autoridades japonesas avanzan con una intervención efectiva o intensifican las advertencias verbales», señaló Yujiro Goto, estratega de divisas de Nomura Securities.
Las subas de tasas no alcanzan
La caída del yen continuó incluso después del cambio de rumbo del Banco de Japón (BOJ).
En 2024, la entidad abandonó su histórica política de tasas negativas y el pasado 16 de junio elevó la tasa de referencia al 1%, el nivel más alto desde 1995.
Sin embargo, el efecto sobre la moneda fue prácticamente nulo.
El motivo es que el mercado espera que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) mantenga una política monetaria restrictiva durante más tiempo.
Mientras la diferencia entre las tasas de interés de Japón y Estados Unidos siga siendo amplia, los inversores continuarán financiándose en yenes —donde el costo del dinero sigue siendo muy bajo— para invertir en activos con mayores rendimientos en el exterior, generando una salida constante de capitales que presiona a la baja a la moneda japonesa.
A ello se suma la percepción de que el Gobierno prefiere que el Banco de Japón avance con cautela en futuras subas de tasas para no afectar la recuperación económica.
Miles de millones gastados para defender al yen
Entre fines de abril y mayo de este año, cuando el yen superó por primera vez la barrera de 160 por dólar, el Gobierno japonés destinó un récord de 11,73 billones de yenes (unos u$s 72.400 millones) para intervenir en el mercado cambiario.
Según datos del Ministerio de Finanzas, buena parte de esos recursos provino de la venta de activos internacionales, incluidos bonos del Tesoro de Estados Unidos.
Pese a semejante esfuerzo, la moneda volvió a depreciarse.
El conflicto en Medio Oriente también influye
Las tensiones geopolíticas derivadas de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán agregaron presión sobre la economía japonesa.
Japón importa prácticamente toda la energía que consume y gran parte de su petróleo proviene de Medio Oriente, por lo que cualquier interrupción del suministro impacta directamente sobre su balanza comercial.
Aunque las expectativas de un acuerdo de paz ayudaron a moderar el precio internacional del petróleo, no lograron fortalecer al yen.
Los analistas consideran que la principal causa de la debilidad de la moneda sigue siendo estructural: la amplia brecha de tasas de interés frente a otras economías desarrolladas, el envejecimiento de la población, el bajo crecimiento potencial y el enorme nivel de deuda pública.
¿Habrá una nueva intervención?
La ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, reiteró el pasado 19 de junio que Japón está preparado para adoptar «medidas contundentes» si considera que los movimientos del mercado responden a especulación excesiva.
Katayama también aseguró que Estados Unidos y Japón mantienen una posición cada vez más coordinada en materia cambiaria, luego de una conversación con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, en la que ambos coincidieron en actuar si fuera necesario para estabilizar el mercado.
Japón ya intervino para defender al yen en 2022, por primera vez desde 1998, y volvió a hacerlo en 2024. En ambos casos logró frenar temporalmente la depreciación, aunque la tendencia bajista terminó imponiéndose nuevamente.

