TEHERÁN— Irán enfrenta la mayor ola de protestas en décadas y líderes mundiales e inversores siguen de cerca la posibilidad de que el régimen islámico sea derrocado, un escenario que reconfiguraría la geopolítica global y los mercados energéticos, con riesgo de desestabilización regional.
Las manifestaciones, que comenzaron hace dos semanas, se expandieron por todo el país. Cientos de miles de personas desafiaron la represión y salieron a las calles en Teherán y decenas de ciudades.
El régimen del líder supremo Ayatollah Ali Khamenei, que ya superó episodios previos de protestas, enfrenta ahora un deterioro económico profundo que limita su margen de control.
Desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump celebró las protestas y volvió a amenazar con acciones militares. Según la Casa Blanca, mandos estadounidenses le presentaron opciones de ataque. Trump afirmó que “se están evaluando opciones muy fuertes” y que la situación es seguida “muy de cerca”.
Los mercados reaccionaron: el Brent subió más de 5% y superó los u$s63 por barril ante el temor a interrupciones en el suministro del cuarto mayor productor de la OPEC. Aunque no hay señales de caída en las exportaciones ni de disturbios en Juzestán —principal provincia petrolera—, el riesgo se repreció.
El saldo humano es grave. Más de 500 personas murieron y más de 10.000 fueron detenidas, según organizaciones de derechos humanos. El gobierno bloqueó internet y telecomunicaciones y aerolíneas extranjeras cancelaron vuelos. Trump dijo que hablará con Elon Musk para evaluar el uso de Starlink y restablecer conectividad.
Analistas advierten que una eventual caída del régimen tendría efectos en cadena. Sería un golpe para Vladimir Putin, que perdería otro aliado regional, y encendería alarmas en el Golfo. Israel —que en junio protagonizó una guerra aérea de 12 días contra Irán con apoyo de EE.UU.— coordina con gobiernos europeos el seguimiento de la crisis.
Desde el exilio, Reza Pahlavi llamó a una huelga petrolera, un factor decisivo en la caída de la monarquía en 1979. En paralelo, líderes árabes temen un vacío de poder y un escenario de caos similar al de la Primavera Árabe.
Irán advirtió que, si es atacado, objetivos estadounidenses e israelíes serán “blancos legítimos”. Pese al debilitamiento económico y los golpes a sus aliados regionales, el país conserva un arsenal significativo y el respaldo de fuerzas de seguridad clave, incluido el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.
Para Bloomberg Economics, la probabilidad de una revolución sigue siendo baja. El escenario más probable sería una reconfiguración del liderazgo o un golpe interno que preserve el sistema. El domingo, el presidente Masoud Pezeshkian pidió diálogo en un mensaje conciliador. En las calles, la respuesta es escéptica.
“Un colapso no sería ordenado”, advirtió un exanalista de la CIA. El riesgo inmediato: fragmentación interna, violencia a gran escala y un shock energético global. El mundo mira a Irán; el reloj corre.

